VIH - Sida
Médica
Otra explicación al Sida
jueves, 09 octubre 2008

Autor: Alfonso Serra Gallego
Ex director médico de una clínica especializada en drogodependencias, Heinrich Kremer es uno de los científicos disidentes de la versión oficial sobre el Sida. Como muchos de sus colegas, está convencido de que el VIH, "un virus cuya sustancia genética y proteínas nadie ha sido capaz de aislar", no existe. En su opinión, esta enfermedad -que él califica de etiqueta- es una creación de la industria farmacéutica, que ha sabido rentabilizar un miedo social -según este experto- absolutamente injustificado.
En esta entrevista, el doctor Kremer devela cómo se inventó el Sida y por qué seguimos utilizando contra él tratamientos que, en su opinión, son tan agresivos como el propio Sida.
Heinrich Kremer, uno de los científicos disidentes de la versión oficial sobre el Sida impartió un curso sobre las causas, mecanismos y tratamientos no agresivos de la inmunodeficiencia y de las enfermedades incluidas bajo la etiqueta Sida y ofreció una conferencia de prensa en la que expresó su convencimiento de que el VIH -supuesto desencadenante del Sida - no existe y, por tanto, es inocente de todo aquello de lo que se le acusa. Entre 1981 y 1988 Kremer fue director médico de una clínica especializada en drogodependencias que atendía las zonas de Berlín, Schlewig-Holkstein y Baja Sajonia. Fue en esa época, especialmente a partir de Junio de 1983, cuando tuvo sus primeros contactos con el Sida. Tal y como él mismo nos explicó, ese año se le ordenó no utilizar la vacuna francesa contra la hepatitis B porque se encontraba infectada por el virus del Sida. Curiosamente, el VIH era, hasta ese momento, un total desconocido. A raíz de aquellos hechos, sus planteamientos han chocado frontalmente con la versión oficial sobre esta enfermedad y hoy es -junto al virólogo Stefan Lanka, uno de los científicos más comprometidos e interesados en encontrar la auténtica verdad sobre el Sida.
¿Cuáles fueron sus inicios en la investigación del Sida?
Todo empezó en junio de 1983, antes de que nadie hablase del VIH, cuando el Ministerio de Salud alemán me informó de que la vacuna francesa contra la hepatitis B estaba infectada por el virus del Sida y me exigió que, en su lugar, utilizara la norteamericana. En Septiembre de 1984 otra orden ministerial me emplazó a enviar a Berlín los sueros sanguíneos de los pacientes que habían recibido esta vacuna en 1982. Los sueros iban numerados. Mandamos en total 52 muestras y 18 fueron diagnosticadas como contaminadas. Lo que los del Ministerio no sabían es que 8 de esos sueros supuestamente infectados pertenecían a mis colaboradores y a mí mismo. Ante dicho resultado, me dirigí a Berlín para comprobar personalmente el mecanismo del test utilizado. El 15 de Septiembre de 1984 el doctor Gallo lo había enviado a Berlín y una semana después esos sueros fueron los primeros que se analizaron en la República Federal.
¿Y qué conclusiones sacó de todo ello?
Primero, y lógicamente, que el test no era en absoluto fiable. Y esto ha sido continuamente así, a pesar de todas las modificaciones, reajustes, cambios de criterio, etc., que se han realizado para evitar las enormes diferencias en los resultados y esconder las contradicciones que aparecían entre un tipo de test y otro, entre una marca u otra del mismo test e, incluso, con el mismo test de la misma marca. En segundo lugar, observé que todos los pacientes que habían dado positivo procedían de las mismas ciudades: Berlín, Francfort, Bremen, Hannover y Hamburgo. Ahora, con más perspectiva, puedo señalar que de estas ciudades, precisamente las zonas donde hay más consumo de heroína y cocaína así como mayor número de enfermos de hepatitis, siguen proviniendo el 60 por ciento de todos los casos de seropositividad alemanes. Además, observé que el 70 por ciento de los afectados eran homosexuales y que había otro 20 por ciento de drogadictos.
El Sida es resultado de la quimioterapia farmacéutica.
¿Qué papel tienen los medicamentos al uso en los orígenes del Sida?
Decisivo, hasta el punto de que puede afirmarse que el Sida es resultado de la quimioterapia farmacéutica. En particular, a principios de la década de los setenta, en Estados Unidos -y luego en Europa- se introduce un medicamento compuesto por dos sustancias, la sulfonamida y el trimetroprim, que se vende comercialmente como Bactrim en unos países y como Septrim en otros. Este fármaco tuvo éxito en un principio porque no se limitaba a detener las bacterias, sino que las destruía. En Occidente, el grupo de población que más frecuentemente tomaba ese medicamento eran los homosexuales debido a las frecuentes neumonías e infecciones que padecían en las vías urinarias. Pero el Bactrim-Septrim también ataca a las mitocondrias celulares, que son antiguas bacterias que se fueron integrando simbióticamente en las células. Las mitocondrias son los pulmones de las células y, además, al final de la cadena respiratoria se forma el ATP, que es la molécula energética fundamental.
Aproximadamente el 90 por ciento de la energía que necesita nuestro cuerpo la obtiene en forma de dicho ATP. Las mitocondrias afectadas por el Septrim-Bactrim sufren mutaciones en su ADN, que no tiene los mecanismos de autoreparación de los que sí dispone el ADN del núcleo. Estas mutaciones se transmiten directamente de la gestante al feto, pues el ADN mitocondrial no proviene, como el nuclear, de ambos padres por vía sexual, sino exclusivamente de la madre. De ahí estas nuevas enfermedades infantiles llamadas precisamente enfermedades mitocondriales. Pero la interferencia de dichos antibióticos en el funcionamiento de las mitocondrias tiene otra grave consecuencia: al trastocar los mecanismos de oxigenación, determinados microbios tienen ventajas comparativas para proliferar y entonces aparecen estas enfermedades oportunistas que la medicina oficial llama Sida. Y esto es decisivo para entender por qué se inventó el Sida en 1981 en los Estados Unidos. En el marco del Movimiento de Liberación Gay de los años setenta -y por prescripción de los médicos que los atendían-, una parte de los homosexuales estuvo tomando el Bactrim como preventivo durante años. Entonces empezaron a aparecer las graves consecuencias físicas (en cada célula hepática hay aproximadamente 2.000 mitocondrias) y mentales (en cada célula nerviosa hay una 1.000) de estar tomando, por primera vez en la historia de la medicina, constantemente sulfonamidas. Como los médicos que las prescribieron y los laboratorios que las fabricaban se temieron una avalancha de reclamaciones millonarias, desde altas instancias (por ejemplo, el entonces vicepresidente norteamericano George Bush está estrechamente ligado a las grandes empresas farmacéuticas) se puso en marcha la operación Sida, que no por casualidad estuvo circunscrita inicialmente al colectivo gay. Los homosexuales que iban a morir a causa, en particular de la destrucción de sus mitocondrias por los antibióticos, tenían que ser presentados como víctimas de algo nuevo que, tampoco por casualidad, desde el inicio fue anunciado como necesariamente mortal, aunque no había prueba alguna de que lo fuese. Se acababa de inventar precipitadamente el Sida y, posteriormente, se inventó una supuesta causa: el inexistente VIH.
¿Y en la actualidad este Bactrim-Septrim se combina con el AZT y otros nucleósidos análogos?
Desgraciadamente, así es; y la combinación de ambos fármacos impide la formación del ADN, tanto genético como mitocondrial, lo que desconocen muchos médicos. Incluso las seropositivas embarazadas y algunos de los recién nacidos que los doctores suponen enfermos de Sida A reciben fuertes dosis de este cóctel farmacéutico. El Bactrim se utiliza en muchas ocasiones como profilaxis para las pulmonías, que son siempre neumonías bacteriales, y lo que entre adultos se presenta sólo dos veces al año, en los niños supuestamente afectados de Sida -que casi siempre son hijos de madres drogadictas- resulta mucho más frecuente. Además, este tratamiento hace que las células de estos chiquillos se debiliten aún más, porque los pequeños generan sus células inmunitarias en los primeros 15 meses de vida. Al nacer, los bebés son protegidos por las células inmunitarias de la madre y, lamentablemente, vienen al mundo enfermos a causa de la drogadicción de aquélla. Lo inaudito es que se les dé AZT en esta fase tan vital de su existencia. Y luego hablan del Sida pediátrico como de algo fulminante y mucho más letal que en el adulto.
Hemos estado usando concentrados de sangre contaminados
¿En qué medida se puede asociar el uso de drogas al Sida?
No hay duda de que el consumo de drogas produce inmunodeficiencia. Además, en 1985 los norteamericanos introducen la metadona como parte del tratamiento contra la drogadicción, haciéndolo primero en el sur del país y luego en Nueva York, para exportarla posteriormente a Europa. La metadona disminuye el estrés del adicto durante el proceso de reducción de las dosis, sobre todo de heroína; pero, como se ingiere oralmente, no produce exaltación, por lo que el mercado introduce la cocaína como estimulante, que multiplica la hormona del estrés del corazón -el cortisol- hasta que, cuando llega al máximo, suben los anticuerpos en sangre. Es entonces cuando el test del VIH da positivo, algo que resulta palpable en los grupos de riesgo, tal y como han admitido Gallo y sus colaboradores. Todos los drogadictos que toman cocaína corren el riesgo de que ascienda su nivel de anticuerpos en la sangre y el test de VIH no mide otra cosa que el nivel de los anticuerpos. Es importante observar que los países europeos que tienen mayor cantidad de casos de Sida son los cuatro que introdujeron programas de metadona: España, Francia, Italia y Suiza. El alto nivel de anticuerpos explica los resultados positivos de los hombres homosexuales que han tenido frecuentes infecciones, de los drogadictos que también las han sufrido y de los hemofílicos que hasta 1985 recibieron concentrados -procedentes de miles de donantes- para la sangre. Estos hemoderivados provenían del sur de los Estados Unidos, ya que la OMS prohibió en 1975 los concentrados sanguíneos procedentes del Tercer Mundo.
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