VIH - Sida
Jurídica
Frente al Sida, una legislación más humana
miércoles, 27 diciembre 2006

Autor: Inés Constanza Tello Bolívar, trabajadora social de la Corporación de Lucha Contra el Sida
La ley 100 cataloga el VIH-Sida como una enfermedad cuya atención genera altos costos, como sucede con el cáncer, las enfermedades crónicas renales, las enfermedades coronarias y la leishmaniasis.
A quienes padecen alguna de estas enfermedades se les debe brindar una atención integral, es decir garantizarles el acceso a ayudas diagnosticas, procedimientos y medicamentos que garanticen su adecuado y oportuno tratamiento, así como unos niveles satisfactorios en su calidad de vida.
El decreto 1543 de 1997, reglamentario sobre Sida, establece los derechos y los deberes de los pacientes, las instituciones y la sociedad en general acerca del Sida.
El marco legal y jurídico existente sugiere que el estado Colombiano está en capacidad de garantizar la atención integral de las personas que conviven con el VIH.
Sin embargo, la realidad presenta un panorama desolador, la mayoría de los pacientes no posee capacidad de pago para atender los costos de la seguridad social y la cobertura en los cupos que tienen las Administradoras del Régimen Subsidiado, ARS, no crece en la misma proporción que la demanda. Solo en algunas ocasiones se liberan cupos de pacientes fallecidos, migrantes o de quienes pasan al régimen contributivo, de manera que los pacientes con diagnostico nuevo difícilmente logran un cupo en el régimen subsidiado, los pacientes que tienen seguridad social y son diagnosticados como nuevos son pocos, ya que quienes cotizan por los servicios de salud (que la ley establece como obligación) solo lo hacen cuando tienen un patrono relativamente estable o cuando van a celebrar un contrato.
En general no hay una tradición en el país con respecto al cuidado de la salud (POS). Finalmente debe anotarse que la ley 100 exige a los usuarios del sistema un mínimo de 100 semanas cotizadas para tener derecho a ser atendidas por cualquier enfermedad de alto costo, siendo esta otra barrera que se presenta cuando se diagnostica un paciente nuevo.
Generalmente se hace diagnostico para VIH-Sida cuando se ha presentado una sintomatología que requiere la atención inmediata de los pacientes y que no da espera al largo y dispendiosos proceso por el que hay que pasar para lograr un cupo en el sistema de seguridad social.
Una situación tal, por su puesto angustia no solo al paciente sino a su pareja, a su familia o a quienes integran su entorno familiar y social más cercano.
Tener un “enfermo” en casa desordena las rutinas y los hábitos, trastorna roles, y conductas, se sufre la desesperanza cuando no se puede acceder de manera inmediata a lo necesario y urgente.
La contrariedad es mayor cuando el paciente es una persona que aporta al ingreso familiar o sostiene económicamente a la familia. Se viven situaciones de duelo permanente al enfrentarse a un diagnostico nuevo, que socialmente aun no se asimila.
La normalidad se altera por completo, los recursos del grupo familiar se ven reducidos y no se vislumbran alternativas que garanticen la atención integral de los pacientes. Los tramites que exigen las entidades de salud, las autorizaciones para determinados procedimientos, las ayudas diagnosticas y los medicamentos no se satisfacen con la celeridad y la calidad que se requieren frente a la urgencia que estos casos revisten.
Es importante puntualizar sobre algunos aspectos que se deben tener en cuenta para elaborar planes y proyectos viables en la atención de los pacientes:
1. Es necesarios seguir impulsando el diseño y la realización de campañas de sensibilización, información y educación con respecto al VIH-Sida cuyo avance constituye una realidad que no puede ocultarse.
2. La legislación en materia de derechos y deberes de los usuarios y de los prestadores de servicios de salud, debe ser coherente con la concepción y el funcionamiento del sistema general de seguridad social.
3. Las organizaciones sociales que trabajan alrededor de la problemática del VIH-Sida están llamadas a aunar esfuerzos en la búsqueda de directrices claras para lograr que operativamente se desarrollen los planes y los programas propuestos.
Si se logra alcanzar un equilibrio entre la formulación de las políticas, su desarrollo y su ejecución, será más fácil allanar el camino para responder a los grandes retos que el VIH-Sida plantea al conjunto de la sociedad.
No todo lo que tiene que ver con el VIH/Sida es negativo. De hecho, quienes trabajamos en este campo hemos vivido experiencias que transformaron nuestra percepción sobre la sociedad, nuestra sensibilidad y nuestras actitudes, haciéndonos mejores personas. ¿Qué pasó con los miedos, las visiones estereotipadas, la intolerancia? ¿No será que aprendimos a disfrutar las cosas más simples de la vida y a ser capaces de enfrentar las más complejas?
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