Vigía del idioma
Número 9 (Septiembre 2005)
Antilenguajes
domingo, 07 mayo 2006

Autor: María Bernarda Espejo Olaya
La sociolingüística atiende a las relaciones de la
lengua con la sociedad, por lo cual el estudio de los antilenguajes es
de orden sociolingüístico, puesto que estos constituyen un sociolecto
en cuanto que es la modalidad de habla de un grupo social bien
determinado.
El
semiólogo inglés M.A.K. Halliday, emplea el concepto de antilenguaje
para referirse a las variedades lingüísticas que utilizan los grupos
sociales que actúan en oposición a la normativa social; es decir, que
un antilenguaje es la manifestación lingüística generada por unos
individuos cuya situación en las jerarquías sociales les obliga a
alternar entre una lengua reglamentada y una que no lo es.
En
la producción de antilenguajes se plasma una dimensión social; un
antilenguaje es el producto de una antisociedad, entendida como “una
sociedad que se establece dentro de otra como alternativa consciente a
ella, es un modo de resistencia, que puede adoptar la forma de
simbiosis pasiva o de hostilidad activa, e incluso de destrucción”
(HALLIDAY, 1994: 213).
En el cine colombiano hay antilenguajes en La vendedora de rosas, en La virgen de los sicarios;
también hay antilenguaje en cierto tipo de música popular denominada
“corridos prohibidos”, escuchada por niveles socioculturales bajos; es
además un antilenguaje el generado por las denominadas “barras bravas”.
Éstos son algunos términos que hacen parte de los antilenguajes: antena: corbata, asna: mujer virgen, buñuelo: inexperto, caviar: joven apuesto, esquirla: alguien sin importancia, etc. (GAMBOA, 2003).
Asimismo, las siguientes voces tomadas del parlache, canquil: mujeriego, chute: comida, faisán: el que comercia con droga, wache: reloj, etc. (HENAO y otro, 2001).
Halliday
destaca el poder de todo lenguaje como sistema generador de una
realidad, de tal forma que el antilenguaje también es generador pero de
una anti-realidad; es decir, de una realidad que constituye otra
alternativa, que es opuesta a la realidad del lenguaje estándar.
Si
se les atribuye a los antilenguajes una función pragmática, en el
sentido de que la pragmática estudia los contextos comunicativos y su
incidencia en la significación de los enunciados, podemos decir que los
antilenguajes cumplen con la función de modificar una situación
comunicativa por medio de la carga de afectividad que se le imprime al
enunciado, responden a la necesidad de fuerza comunicativa, y hasta de
comunicación secreta.
Sin embargo, creo que lo que
Halliday llama antilenguaje (y otros autores que han adoptado esta
terminología), es en realidad una antilengua, en el sentido de que se
opone a la lengua culta, literaria, solemne; también, en el sentido de
que es una modalidad de lengua que, de manera más o menos deliberada,
rompe con la norma social establecida. Además, un antilenguaje, hace
parte de los lenguajes.
___________________________
GAMBOA BEJARANO, Armando. “Diccionarios de la Real Academia del Parche Metalero” en, Así debemos hablar. Todo lo que necesita saber para hablar apropiadamente y enriquecer su vocabulario, Cali, Editorial Mataburros, 2003.
HALLIDAY, M.A.K., El lenguaje como semiótica social. La interpretación social del lenguaje y del significado, México, F.C.E., 1994.
HENAO, José Ignacio y CASTAÑEDA, Luz Stella, El parlache. Centro de investigaciones y Extensión de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia, Medellín, 2001.
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