Vigía del idioma
Número 3 (Abril 2003)
Evidencia
lunes, 02 enero 2006
Autor: Rubén Páez Patiño
Uno de los yerros más lamentables que se presentan en el uso lingüístico ordinario de la actualidad consiste en dar (por anglicismo) a evidencia el sentido de "prueba", tanto en lo judicial como en lo científico. Éste es un atentado no sólo contra la lengua castellana sino contra la lógica, la filosofía y la teoría del conocimiento, porque se borra una distinción importantísima, pues evidente es aquello cuya verdad se reconoce de inmediato sin necesidad de pruebas, aquello cuya verdad “salta a los ojos”.
El Diccionario de la Real Academia define a evidencia como “certeza clara, manifiesta y tan perceptible de una cosa, que nadie puede racionalmente dudar de ella”. El Diccionario de filosofía, de Ferrater Mora, define así a evidente:
"Se dice que una realidad (cosa, cualidad, hecho, fenómeno, situación,
etc.) es evidente cuando se presenta directa e inmediatamente a un
sujeto, y especialmente a la percepción sensible. Se dice asimismo que
una proposición es evidente cuando se estima que es cierta y que no hay
necesidad de demostrarla acudiendo a otra proposición de la cual
derive...
Descartes consideraba que la evidencia es la aprehensión
directa de la verdad por medio de una simple inspección de la mente".
Censura merece la lengua inglesa por haber permitido colarse en ella
esta inconsecuencia; mayor censura merecen los "traductores al español"
que tranquilamente hablan, por ejemplo, de una “débil evidencia”. En la
Enciclopedia Genial de El Tiempo el traductor, no siempre
afortunado, estampó frases como ésta: "los científicos consideraron la
evidencia como no concluyente". Muy mal dicho y hecho.
En sus respectivos libros sobre yerros y atentados contra la lengua critican la confusión entre evidencia y prueba
Juan Aroca Sanz y Manuel Seco. Dice el primero: "Convendría
diferenciarlos [a evidencia y a prueba] en todas las ocasiones y en
todos los lugares". El segundo afirma: "Por anglicismo se usa a veces (evidencia),
impropiamente, por prueba (de un delito)". Como acabamos de ver, este
delito lógico y lingüístico, no se comete únicamente en la información
judicial. Ojalá que un jurista atolondrado no delinca introduciéndolo
en nuestros códigos y leyes.
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