Vigía del idioma
Número 11 (Junio 2006)
Qué verraquera, que lío tan berraco
sábado, 05 agosto 2006

Autor: Luis C. Manjarrés Ariza
Mi primer aporte sería solicitarles que ni por el “carajo” vayan a incluir el colombianismo “verraco” con “B”, ya que sería una afrenta para todo el país. El vocablo “verraco” y su inflexión “verraquera”, con los significados que los usa toda Colombia, provienen indefectiblemente del cerdo padre. Son muchísimas las discusiones entre los académicos del país sobre si debe ir con una u otra, y puedo demostrarles que por abrumadora mayoría, se impone el uso de la “V” en ambos casos.
Los defensores de la “B” los encontramos en el altiplano cundinamarqués y en los ubérrimos valles antioqueños y podríamos señalarlos con sus nombres propios, en su orden: Daniel Samper Pizano y Gabriel Escobar Gaviria. Tratándose de semejantes dinosaurios, el uno académico de la Academia Colombiana de la Lengua y el otro, uno de los más respetados lingüistas del país, resulta un tanto quijotesco que cualquier perico de los palotes los enfrente en su propio hábitat.
El padre Luis Lalinde defendía a capa y espada “berraco” y para ello señalaba el “Diccionario filosófico del Paisa” que “sonoro latigazo fonético” no podía escribirse con “V” porque la fuerza y la sonoridad fonética la imprime la “B” y no la “V”. Es decir que solo se basaba en la articulación de los labios de un rolo o un paisa al momento de su pronunciación, olvidando la esencia y procedencia del término. Si así fuera, deberíamos escribir con “B” otras palabras que al igual que “verraco” demandan de dicha preponderancia fonética, tales como “vaina” (qué vaina, no joda…) “verriondo” (qué verriondo el chinito…) vergajo, verga e incluso vergüenza (qué vergüenza, Dios mío):
Los mencionados Samper y Escobar se escudan en las mismas elucubraciones de Lalinde y sin ningún otro tipo de planteamiento lingüístico, se pliegan al bando de los PROBERRACOS. En alguna oportunidad alguien arguyó que se trataba de un término oriundo, cuyo origen era netamente paisa y que esta pujante raza había decidido escribirlo con “B”. Por azares de la vida, hace poco me tropecé con la – Geografía de Antioquia – del maestro Roberto Cadavid Misas (Argos) y qué sorpresa: miren lo que escribe Argos en las páginas en su libro – Historia de Antioquia – que publica la Biblioteca Virtual de Antioquia en las páginas 22 y 33:
Pág. 22: “… Y por ahí derecho el verraco de Pedrarias le hizo levantar un juicio acusándolo…”
Pág 33: “… Y tenían también los españoles escudos y corazas que los defendían, y sobre todo eran muy verracos con el perdón de las señoras…”
Espero que la Biblioteca Virtual de Antioquia no hubiera contratado a un escribidor costeño y se trate de un error de dedo.
Ante la “verraca” disyuntiva, en una ocasión intenté conocer la opinión de dos eximios costeños sobre cómo escribir nuestro criollísimo “verraco”: Gabriel García Márquez y Juan Gossaín. Ninguno de los dos tuvo los suficientes cojones para pronunciarse ni privada ni públicamente. Como el que calla otorga, me atrevo a afirmar, públicamente, que ambos están totalmente de acuerdo en que la manera correcta de escribir dicho término es usando la vilipendiada y menospreciada V de vaca. Seguramente ambos alcanzaron a leer un gigantesco graffiti en la derruida pared de una humilde casa de bahareque del barrio Rebolo de Barranquilla y ellos no son capaces de ir en contra de sus raíces, sus ancestros y su gente.
Por Miltonsand | 2006-12-15 14:39:46
Etimología verraca
Verdad dice el señor Manjarrés y, para que todo el argumento se apoye en algo más que la paternidad porcina, cabe comentar que, al cerdo semental que hoy llamaríamos "verraco" en castellano, los latinos lamaban "verres". Que Samper y Escobar nunca sepan que "berrear" y "berrinche" tienen su origen en la voz de antiguos verracos.
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