Vigía del idioma
Número 10 (Marzo 2006)
El Instituto Caro y Cuervo
miércoles, 05 julio 2006

Autor: Carlos Patiño Roselli
Es una institución que por sus valiosas realizaciones en el campo de la cultura es motivo de orgullo para el país y goza de merecido renombre en los centros académicos del exterior.
Su existencia se inició en 1944 por un decreto oficial, bajo el segundo gobierno de Alfonso López Pumarejo, que reglamentaba una ley del Congreso del año 1942 en el mismo sentido. La creación del Instituto tenía por objeto continuar la obra de Rufino José Cuervo y “cultivar y difundir los estudios filológicos”. Otro decreto presidencial de 1947 lo reorganizó y le dio un estatuto autónomo, separándolo del Ministerio de Educación.
El primer director fue el Jesuita Félix Restrepo, egregia figura de la filología hispánica, y en ese período inicial se vincularon también eminentes humanistas como Manuel José Casas Manrique, Rafael Torres Quintero, Luis Flórez y el español Pedro Urbano González de la Calle.
Después del Padre Félix –como se le solía llamar– ocuparon la dirección del Instituto José Manuel Rivas Sacconi, Rafael Torres Quintero y el recientemente fallecido y lamentado Ignacio Chaves Cuevas. Gracias a ellos y a un abnegado e idóneo grupo de colaboradores, el Caro y Cuervo fue creciendo y desarrollando la amplia labor investigativa que es bien conocida y admirada, especialmente en el campo de la Filología y la Liguística Hispánicas. El Atlas lingüístico-etnográfico de Colombia, para mencionar solo una de las notables realizaciones del Instituto elaborado con idealismo y solidez científica por un grupo de dialectólogos encabezados por Luis Flórez y José Joaquín Montes (con la participación de nuestro ilustre colega español Germán de Granda), es una obra cumbre, en esta materia, en el ámbito latinoamericano.
Hoy día el Instituto Caro y cuervo, dirigido por el Doctor Hernando Cabarcas, está siendo objeto de una reorientación que, a juzgar por el documento en que se la expone y por otras informaciones, ha suscitado honda preocupación entre quienes, tanto en Colombia como en el exterior, conocemos y admiramos la obra de la Institución.
La razón de ello es que tal reorientación del Instituto parece querer ignorar sesenta años de meritoria tradición en el campo de la Lingüística Hispánica, que lo hicieron merecedor al puesto de honor que hasta ahora ocupa en el país y en el extranjero, para fijarle otros rumbos. También es motivo de desconcierto la decisión de clausurar el Seminario Andrés Bello, dependencia docente del Instituto Caro y Cuervo que ha venido cumpliendo una meritoria labor de formación de profesores para las universidades colombianas e inclusive de otras naciones.
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