Vigía del idioma
Número 1 (2002)
El dequeísmo
sábado, 31 diciembre 2005

Autor: Jaime Bernal Leongómez
Esta construcción incorrecta se viene escuchando de tiempo atrás, especialmente en el lenguaje oral. Es muy común en nuestros futbolistas, por ejemplo, al ser entrevistados para las cadenas radiales.
-¿Qué opina de la paliza que les dio Argentina?
-Bueno, yo creo "de" que nos faltó físico.
Políticos,
presentadores de noticias, entrevistados de toda laya y condición
adoptan, sin rubor, la expresión de marras. Y no sólo la emplean con el
verbo "creer" sino con todos aquellos que lleven una estructura
similar: yo pienso "de" que; opino "de" que; deseo "de" que...
La
"muletilla", pues para muchos hablantes ya lo es, consiste en incluir
la preposición "de" en forma indebida delante de un "que", introductor
de una oración (proposición) subordinada, así:
- Yo creo de que nos faltó físico
- Oración principal: Yo creo
- Oración subordinada: (de) que nos faltó físico
La
oración subordinada, se sabe, depende de la principal y para el caso
presente es una subordinada sustantiva (las hay adjetivas y
adverbiales). Además, toda ella es el objeto directo del verbo
principal (creer) por lo cual se la denomina como subordinada
sustantiva objeto directo (las hay también como sujeto).
El
fenómeno del "dequeismo", hace más de un cuarto de siglo fue advertido
y quizá acuñado por Torres Quintero, subdirector que fue de la Academia
Colombiana de la Lengua. En efecto, en Noticias Culturales
(Bogotá, ICC, núm.152, 1973, págs. 1-2) llama la atención sobre ese feo
vicio y demanda de los profesores de español "actuar con prontitud para
que tales epidemias no prosperen o al menos no contaminen las esferas
más cultas de la sociedad".
En el artículo que se
viene citando y que el lector puede encontrar en el Tomo II de sus
obras (Bogotá, ICC, 2000, págs. 298-300), don Rafael cree encontrar una
explicación al indebido uso de la preposición "de". Dice el polígrafo
boyacense:
La aparición de este redundante "de"
parece originarse en el fenómeno de la analogía que consiste en ciertas
alteraciones que sufren las palabras y las locuciones a causa de que
los hablantes la adaptan a la forma de otras con las que están
familiarizados. En nuestro caso el que oye un "de" después de ciertos
verbos como "hablar" (hablaron "de" política), "enterarse" (no se
entera "de" nada)... o tantos otros que exigen el régimen con "de",
piensa que ese "de" es necesario y, por analogía, lo emplea en todos
los casos porque no está en capacidad de discernir cuándo la
preposición es exigida por el régimen del verbo y cuando no. En
consecuencia, hace una contaminación de los dos patrones lingüísticos y
construye un tercero así: verbo+de y verbo+que = verbo+de que. O sea
"hablo de política" + "dijo que vendría" = dijo de que vendría...".
Ahora
bien, por lo que se denomina como "ultracorrección", y ante el temor de
emplear mal la preposición "de" en locuciones en las cuales la
expresión de que es válida, algunos hablantes la eliminan. Los siguientes ejemplos son correctos:
- Estoy seguro de que vendrá.
- Estoy complacido de que hayas triunfado.
- "...y estoy alegre, alegre de que no sea cierto", dice Neruda en algunos de sus poemas.
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