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jueves, 28 agosto 2008

Cuando hay que leer por obligación, se pierde la pasión

Autor: Monroy Gómez, Revista Azul Naranja – Fundación Luis Amigó

Si la lectura se sigue concibiendo como un trabajo de clase, es difícil esperar que los estudiantes desarrollen la afición por el texto escrito.

Mientras los estudiantes tengan que leer solo lo que el profesor indique, será difícil ampliar el espectro de los lectores. Eso significa que el problema de baja lecturabilidad se hace crónico en el proceso educativo formal.

Sin embargo, ya hay iniciativas para generar otras opciones. En el Liceo Salazar y Herrera de Medellín se está implementando la estrategia, desde enero de 2008, “El libro andante”.

Alejandro Zapata García, docente de idiomas de esta institución, explica que “los profesores de todas las materias escogen libros correspondientes a sus áreas y los llevan en una caja al salón. Los estudiantes escogen el libro que les llame la atención, del cual leen algún capítulo y hacen un informe de lectura”.

No obstante, recalca el docente que “lo ideal sería que leyeran por convicción, porque esto sigue siendo obligarlos a leer para que presenten un informe, aunque la metodología ha funcionado para el ámbito académico, pero creo que el trabajo principal está en casa donde, desde niños, tienen que ser motivados”.

Es que, según los expertos, las instituciones educativas, en ocasiones no se preguntan qué tipo de lectura le gusta a los estudiantes, razón por la cual los jóvenes se muestran reacios hacia los libros.

Según el literato Julio Álvarez, “cada joven tiene sus gustos propios y el trabajo de los docentes es guiar a sus alumnos por la clase de lectura que les podría gustar. Además, se cree que es un problema de los profesores de Ciencias Humanas, lo cual es falso, porque hay estudiantes a los que les podría gustar más leer un libro de matemáticas o química que uno de literatura. Eso los espanta de la lectura, porque a un joven común ¿qué le puede decir El Quijote de la Mancha?”.

La pobreza influye
Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el 46% de la población del Área Metropolitana es pobre, razón por la cual las personas deben cubrir primero sus necesidades básicas y luego podrían pensar en artículos suntuarios como los libros.

Guillermo Cardona Marín, responsable de la estrategia de promoción de lectura en la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, afirma que “la lectura pasa a un segundo plano. La gente primero tiene que solucionar su problema de comida, servicios o arriendo y la lectura está en los últimos lugares”.

Razones como esta son las que hacen necesario el uso de alternativas por parte de las autoridades, que aparte de garantizar el acceso a los libros a la sociedad, deben hacerlo ser gratuito.

Aprovecharse de los medios
En la sala infantil Pedrito Botero, de la Biblioteca Pública Piloto (BPP) utilizan la Internet como medio alternativo de lectura. Los niños ingresan a un sitio Web donde hacen lecturas guiadas por profesores o por el personal de la biblioteca.

La coordinadora de la sala, Kelly Johanna Marín, asegura que “si las tecnologías les gustan a los muchachos, entonces debemos aprovecharlas. Generalmente se hacen las lecturas y luego dinámicas a partir de las mismas o cada niño socializa qué fue lo que leyó”.

Jeison Aguirre, estudiante de séptimo grado y visitante de la Piloto, comenta que “es más divertido el Internet. Acá uno juega, conoce amigos y lee textos con animaciones. En cambio, los libros que le ponen a uno en el colegio son muy malucos”.

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