Universidades
Proyectos estratégicos
Universidad colombiana: un desafío
lunes, 01 septiembre 2008

Autor: Alonso Ojeda Awad - Ex-embajador y Director Programa Pedagogía de la Paz - U. Pedagógica Nacional
Pocas instituciones existen en el mundo que despierten tantas esperanzas, para lograr un desarrollo armónico y sostenible de la sociedad, como la Universidad. Ella tiene la tarea histórica de ayudar a construir genuinos ciudadanos, identificados en la concepción ética de servir a las mejores causas de la humanidad y hacer realidad una vida basada en principios y valores, portaestandartes de la sociedad, como la justicia, la solidaridad, la responsabilidad y la tolerancia, que permitan construir “el hombre nuevo”, visualizado por filósofos, humanistas y luchadores sociales del siglo XX.
Esta tarea está íntimamente enraizada con los grandes desafíos que plantea la investigación, en todas las áreas del saber y debe ser asumida con responsabilidad social, contando siempre con el concurso amplio y generoso del presupuesto nacional.
En las sociedades de más alto índice de desarrollo político, económico y social la Universidad es motivo de orgullo nacional y por esta razón, las naciones hacen grandes y significativos aportes presupuestales, pues ella es la constructora del hombre del futuro que debe desarrollar las fuerzas productivas en consentido balance entre la conservación y el respeto ambiental y la superación de las dificultades sociales y económicas, que se expresan con mayor fuerza en los sectores deprimidos de la sociedad.
Tal es el caso, para poner algún ejemplo, de la Universidad de Harvard, una de las universidades más importantes de los EE.UU. donde solo el presupuesto de investigación de la facultad de medicina es igual al presupuesto que destina para toda la investigación científica y social el gobierno de Chile, que es uno de los gobiernos de América Latina, más justos en su distribución presupuestal hacia la educación.
Esta situación está ligada a la forma como, desde los amplios sectores populares surgen grupos significativos de estudiantes que logran una muy buena formación en pregrado y se proyectan hacia una excelente formación en postgrado, que es, el lugar donde países en vía de desarrollo, como Colombia, manifiestan una marcada debilidad, a excepción de Brasil, donde solo “la Universidad de Sao Paulo tiene 12.000 estudiantes doctorales, cuando Colombia solo logra llegar a 1.000 estudiantes doctorales”(1).
Este punto nos muestra la profunda brecha que en educación superior nos separa de nuestro vecino, fronterizo del sur, Brasil.
El gobierno nacional debe tomar atenta nota de este disminuido ranking en que está ubicada la educación superior colombiana y que reclama, con sobrada justicia, una ampliación considerable en su presupuesto que permita cubrir con excelente infraestructura investigativa, no solo la ampliación de cobertura que hemos tenido, sino hacer que la excelencia llegue a los claustros universitarios y el numero de nuestros investigadores y científicos se aumente para acometer con ellos y con la potencialidad de nuestra sociedad y de nuestros recursos naturales, la honrosa tarea de lograr inscribir nuestra nación en los primeros lugares de las naciones reconocidas y respetadas por un fiel y salomónico cumplimiento a todos los Derechos Humanos.
Preguntaron, en días pasados, al rector de la Universidad Nacional Moisés Wasserman, que haría por la educación superior y respondió: “Obviamente, el país tiene problemas económicos pero yo daría mayores presupuestos a educación”(2).
¿Por qué el gobierno nacional no escucha este sabio consejo y decide, de una vez por todas, saldar la vieja deuda social, que todos los gobiernos, incluido este, tienen con la educación colombiana y en especial, con la Universidad?
Es hora de pensar en forma muy seria que no podemos seguir siendo uno de los países más militarizados del mundo. Nuestro presupuesto de guerra no puede seguir pauperizando los menguados presupuestos que se destinan a la educación, pues las guerras jamás han construido un futuro de dignidad y esperanza para las generaciones presentes y futuras, sino más bien, lo que han hecho es hundir en espacios de violencia, muerte y violación de los Derechos Humanos a las sociedades que han padecido estos flagelos. “En Colombia el gasto militar es superior al 5% del PIB, muy por encima del promedio latinoamericano que es de 1.6% del PIB y solo superado en el mundo por Israel y Burundi. Otros países con conflicto interno como Etiopía, Angola, Pakistán o Filipinas, tenían menos gasto militar que nosotros”(3).
En cambio, “Estados Unidos en plena guerra contra Irak solo invierte el 4%, mientras la Unión Europea (EU) solo lo hace en un 2%”(4) .
No debemos olvidar que la educación es la pionera en la construcción de una nueva sociedad que garantice: Convivencia, seguridad alimentaria, trabajo, salud, vivienda y, en conclusión, todos los derechos que hacen posible un verdadero Estado Social de Derecho.
------------
(1) Angulo Galvis Carlos. Rector Universidad de los Andes. Reportaje aparecido en el Espectador, jueves 12 de junio de 2008
(2) Wasserman Moisés. Rector Universidad Nacional. Reportaje El Espectador, 12 de junio de 2008
(3) Cabrera Galvis Mauricio. Los costos del conflicto interno. Diario el País de Cali, 6 de abril de 2008.
(4) Gutiérrez José. Presidente del Comité Permanente por los Derechos Humanos. Revista “alto ahí!” Bogotá, abril 2008.
Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios.
Por favor valídese o regístrese.
ENLACES PATROCINADOS