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domingo, 07 mayo 2006

¿Cómo sacarle pelos a una calavera?

Autor: Redacción Universia


¿Asesino o líder del artesanado?

En su artículo, Gabriel Eljaiek  señala que la mayoría de los biógrafos afirman que Russi nació en Villa de Leyva en el valle de Santo Ecce Homo, hacia 1815, y de su infancia y adolescencia sólo se sabe que se recibió de abogado de alguno de los claustros que podían otorgar ese título en la ciudad (la Universidad Central, el Colegio de San Bartolomé o el Colegio Mayor del Rosario). Por esta razón se le conocía como el "Dr. Russi".

"El personaje empezó a hacerse famoso en la ciudad en 1838, año en el que abrió una casa de estudios en compañía de un profesor suizo. Dicho proyecto fracasó, por lo cual el Dr. Russi optó por ejercer su profesión como abogado de pobres, acogiendo como clientes a sujetos de dudosa reputación.  

Desempeñó varias labores públicas como juez parroquial y fue además, secretario de la Sociedad de Artesanos, ala popular del partido liberal. En este cargo fue uno de los gestores del ascenso al poder del general José Hilario López en 1849, de quién se convirtió luego en detractor cuando el presidente apoyó las reformas librecambistas.

Por esta razón se enemistó con el gobierno y en 1851, época de gran revuelo en la ciudad por los robos perpetrados por la Banda del Molino del Cubo, "especializada" en hurtos a la burguesía bogotana, fue acusado de ser el líder del grupo de ladrones y de haber asesinado a un herrero. Luego de un agitado proceso penal fue fusilado".

Después de una intensa búsqueda de información que permitiera esclarecer las aventuras del cráneo durante más o menos un siglo, y apenas con dos datos a la mano: un orificio, aparentemente de bala, y una inscripción en tinta, que dice "R. Russi", el joven investigador se dio a la tarea de enunciar algunas aproximaciones sobre por qué es útil este objeto dentro y fuera del museo.

Una primera se enfoca a la utilidad científica de un cráneo en el momento en que el Dr. Russi fue fusilado (1851) y en la época de su exhumación (1861 aprox.). Es decir, señala que la calavera posiblemente fue utilizada para hacer estudios craneométricos y frenológicos (para medir la capacidad craneana o las características físicas del criminal tipo).

La segunda aproximación pregunta por los usos representacionales y educativos de un objeto de esta clase. Para Gabriel, una calavera que perteneció a un personaje catalogado como ladrón y asesino, y que además presenta las marcas de la operación de la justicia (la escritura y el orificio de la bala) se pudo constituir en un artefacto con un gran potencial representacional. "Su introducción en el museo podría  haber respondido a un interés ejemplarizante, ya que a través del objeto (que se supone representa al Dr. Russi) se mostraría cómo termina la vida de un ladrón y asesino".

La tercera aproximación se relaciona con el impacto político del personaje, la capacidad de afectación del objeto y los mecanismos de captura del museo. El Dr. Russi fue un actor relevante en los movimientos políticos y sociales de mediados del siglo XIX, actividades que le granjearon enemigos políticos y posteriormente la muerte.

"Esto implica que quien ‘construyó' el cráneo, quien lo exhumó y lo marcó (presumiendo que fue una sola persona, y sin dudar de que pertenezca al Dr. Russi) tenía una determinada intención política al hacerlo. Dicha intención, podría suponerse, tendría que ver con la transformación del objeto en una reliquia histórica, en un objeto fetiche directamente relacionado con el personaje, que recibiría un poco de la carga política del Dr. Russi".

Ahora, en lo que se refiere a la ubicación del cráneo en la reserva del Museo Nacional, Gabriel sostiene que podría pensarse que fue absorbido por la institución. "Al incluirlo en su colección disminuyó y amainó su capacidad de afectación política: lo convirtió en un objeto de museo; un artefacto susceptible de hacer parte de la narrativa de la nación, y en su defecto, de permanecer tranquilamente en la reserva", lo cual no implica que esté completamente neutralizado, pues no deja de ser un objeto en cierta forma perturbador.     

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