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Nacionalización de Aerolíneas Argentinas y Austral: ¿Logrará el Estado enderezar su rumbo?
lunes, 25 agosto 2008

Autor: Universia Knowledge@Wharton
Después de meses de atrasos en los horarios de los vuelos, de miles de turistas varados, de aviones averiados y conflictos con los gremios que agrupan a los casi 9000 trabajadores, la empresa Aerolíneas Argentinas y su subsidiaria Austral volvieron a ser administradas por el Estado argentino.
Hacía 18 años que la aerolínea de bandera estaba en manos privadas y el último dueño, del grupo turístico español Marsans, acordó con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner el traspaso del 94,6% de las acciones tras siete años al frente de las operaciones.
El Estado argentino, que ya poseía el 5% del capital, y la compañía española todavía no se han puesto de acuerdo en si la cifra de la deuda de ambas empresas es de 890 millones de dólares, pero sí se ha confirmado, según la Asociación Argentina de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), que pierden diariamente alrededor de 1 millón de dólares. De hecho, antes de que Marsans decidiera irse de Argentina, el gobierno de Cristina Kirchner tuvo que pagar unos 14 millones de dólares en sueldos atrasados de los empleados, combustible, alquiler de los aviones y repuestos.
En plenas vacaciones de invierno para turistas locales y extranjeros, hoy Aerolíneas Argentinas y Austral tienen pasajes sobrevendidos y vuelos atrasados por falta de aviones. Mientras tanto, el Estado argentino, que se hizo cargo de las operaciones el 21 de julio, decidió mandar el proyecto de nacionalización de las aerolíneas al Congreso Nacional para que allí se apruebe el traspaso. Además, durante dos meses se pondrá en funcionamiento una auditoría para establecer el valor real de la empresa, evaluar los activos materiales y el estado de funcionamiento de ambas compañías.
“La ausencia de competencia y la disminución de material de vuelo fueron las causas casi fundamentales en el retroceso de la línea de bandera”, opina Enrique Dentice, investigador de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). En realidad, añade, “la presión del gobierno para hacerse nuevamente de la línea de bandera no es tal, sino más bien es el producto de un negocio que ha dejado de ser rentable para el operador privado y, de esta forma, debe concurrir a esta reestatización que no está muy definida todavía”.
Hay otras causas que determinaron la salida de la empresa española, según el punto de vista de Gustavo Martínez Pandiani, decano de la facultad de Ciencias de la Educación y de la Comunicación Social de la Universidad del Salvador (USAL): “Cuando una empresa entra en crisis, las causas son siempre diversas. Por un lado, es evidente que el grupo Marsans no supo manejar la compañía correctamente, pero también es cierto que la mayor parte de las líneas aéreas atraviesan serias dificultades. Sin ir más lejos, la tradicional Alitalia vive hoy conflictos similares a los de las aerolíneas argentinas”. La compañía italiana, en proceso de privatización, atraviesa una delicada situación financiera mientras busca un comprador.
El caso de Aerolíneas Argentinas y Austral no es aislado. El sistema aéreo comercial internacional arrastra problemas desde que cayeron la torres gemelas y se incrementaron los gastos en seguridad; además, se suma un constante aumento del precio del combustible. Pandiani explica que “la mayoría de las líneas aéreas sufren problemas sin importar que sean privadas o estatales. Factores como el aumento descomunal del precio del petróleo afectan al sector en su conjunto, de modo que es difícil determinar si las compañías nacionales responden mejor que las privadas en el panorama actual”.
Aerolíneas Argentinas había sido creada en 1950 y privatizada en los años ’90 durante la presidencia de Carlos Menem, junto a otras tantas empresas del Estado como la petrolera YPF y las de servicios públicos como el agua y la electricidad.