lunes, 02 junio 2008

Autor: Universia Knowledge@Wharton
Constituyen entre el 90 y 98 por ciento de las unidades productivas en América Latina, generan alrededor del 63 por ciento del empleo y participan con el 35 y hasta 40 por ciento del Producto total de la región, según coinciden los más recientes estudios de organismos como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Comisión Económica para América Latina (Cepal).
Están en todos los sectores, desde el comercio y la industria, hasta los servicios, la salud y el sistema financiero. A ellas se les conoce como pymes –denominación de pequeñas y medianas empresas-, y según las estadísticas del Banco Mundial son el soporte del tejido social de todo el continente, ya que se encuentran en grandes centros urbanos, ciudades intermedias, poblaciones pequeñas y los más remotos y apartados sitios rurales, porque en el campo abundan en las más diversas actividades de la producción agropecuaria.
Sin embargo, las pymes, padecen diversos problemas que les restan eficiencia, productividad y competitividad. “Son tantas sus dificultades como el mismo número de ellas, y aunque no existe Gobierno que las incorporen sus políticas sociales –incluidas leyes, decretos y resoluciones-, su rezago con la gran empresa es apreciable”, afirma el presidente del Instituto Latinoamericano de Liderazgo, consultor internacional y profesor universitario, Jorge Yarce Maya.
De acuerdo con el Instituto, que reúne a líderes de América Latina y cuya sede principal se encuentra en Bogotá, entre los trastornos que afectan a la pequeña y mediana empresa de la región se encuentra la informalidad. Según el ex decano de la facultad de Administración de Empresas de la Universidad de los Andes de Colombia y actual consultor empresarial, Jorge Hernán Cárdenas, este fenómeno afecta al 50 por ciento de las mipymes, una sigla que cobija a la microempresas -con sus dos y hasta tres empleados- y las pequeñas (cinco a 10 ó 15 empleados, dependiendo el país) y las medianas (hasta 200 empleados).
Este es el caso de Colombia, en donde existen problemas estadísticos amplios y detallados sobre la informalidad. Un estudio de la Fundación para el Desarrollo y la Educación Superior (Fedesarrollo) encontró que el fenómeno llega al 55 por ciento. “Pero puede ser más porque nuestras encuestas nos arrojan un 63 por ciento”, afirma el presidente de la Asociación de las Micro, Pequeñas y Medianas Industrias (Acopi), un sector que genera en el país el 63 por ciento del empleo en los 32 departamentos y 1.002 municipios del país.
El problema con la informalidad, no radica sólo en la ausencia de un registro mercantil para que las acredite ante los bancos y les aprueben préstamos, la ausencia de apoyo de los organismos institucionales y la carencia de acceso a las agencias de cooperación internacional, sino que generan empleo de mala calidad y se cierran las puertas para ingresar a los mercados externos, reconoce el directivo.
Hugo Betancur, director de Visión, la Unidad de Consultoría y asesoría y formación empresarial de la Universidad de la Sabana, señala que el problema de las pymes está asociado a la ausencia de la gestión empresarial de sus cúpulas directivas. Un factor determinante que contribuye a la informalidad es que muchas de estas unidades productivas nacen de la necesidad de muchos emprendedores y no de una decisión pensada, dice.
En América Latina impera la ley del garrote y la zanahoria. Es decir se amenaza con cierres de aquellos establecimientos que no cumplan con el pago oportuno de impuestos, pero según un Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Comercio de Cali, una ciudad industrial de Colombia, hay que inculcar la idea de que estar legal sí paga y que con los requisitos al día las empresas se le abren opciones para el crecimiento, la productividad y la competitividad.
Cristina Rico Carroll, docente de la Universidad del Norte, ubicada en Barranquilla (Colombia), y experta en selección de personal ejecutivo advierte que afortunadamente en los últimos diez años, los directivos de las pymes han entendido que los negocios no se pueden administrar eficazmente sin cumplir al pie de la letra con las normas legales. “Ahora se observa que presidentes, vicepresidentes y personal directivo van a la universidad a prepararse y capacitarse en temas gerenciales y administrativos”, precisa. Y Agrega: en la academia se les señala la importancia de entrar a la formalidad.