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lunes, 12 mayo 2008

El patrocinio olímpico en tiempos revueltos

Autor: Universia Knowledge@Wharton


Protestas y campaña contra anuncios en la televisión


Hasta el momento actual, los patrocinadores americanos no detectaron ninguna reacción adversa específica ocasionada por los manifestantes; pero, en ese intervalo de tiempo, la opinión pública americana ha cambiado drásticamente. De acuerdo con una encuesta divulgada en abril por Zogby International, empresa de encuestas de Utica, Nueva York, un 70% de los americanos adultos consideran un error del COI haber permitido que China acogiera las Olimpiadas, frente al 44% hace un año. Destacados personajes asociados a los juegos expresaron también su condena a la política china, como el director de cine Steven Spielberg, que dimitió de la asesoría artística de los juegos encargada de la ceremonia de apertura debido a sus escrúpulos respecto a Darfur, así como la ganadora del Premio Nobel Wangari Maathai, que declinó empuñar la antorcha olímpica por las violaciones a los derechos humanos. Por lo menos dos corredores, en el paso de la antorcha por San Francisco, mostraban la bandera del Tibet.

Dream for Darfur, un pequeño grupo de Nueva York contrario a las violaciones que se observan en aquel país, publicó un informe el año pasado en el que establecía un ranking para las empresas patrocinadoras de acuerdo con su reacción a los acontecimientos en Darfur. De los 19 patrocinadores de la lista, 12 recibieron notas bajas. General Electric recibió la nota más alta — C+ — por las donaciones hechas al país, por haber manifestado al COI su preocupación con la región y por nombrar a una persona para hacerse cargo de las cuestiones relacionadas con el país. “Tenemos un conjunto muy específico de solicitudes”, dice Ellen Freudenheim, responsable del seguimiento de acciones comunitarias por parte de las empresas que patrocinan las Olimpiadas. “No estamos atacando a China o pidiendo que se hagan boicots. Queremos que las empresas usen las herramientas que tienen en las manos [el patrocinio] para presionar al gobierno de Sudán a poner fin a los conflictos en Darfur, dijo ella. “Consideramos a los patrocinadores como posibles aliados para acabar con el genocidio”.

Pero si los patrocinadores no presentaran evidencias de que toman a serio la situación en Darfur, el grupo Dream for Darfur está dispuesto a aumentar la presión. Además de publicar un informe actualizado en el actual trimestre, la organización planea hacer protestas delante de la sede de las empresas patrocinadoras en EEUU como, por ejemplo, en Redmond, en el Estado de Washington, sede de Microsoft, proveedora del software utilizado en los juegos, además de promover una campaña en que convoca a las personas a que desconecten la televisión durante los intervalos comerciales emitidos en los juegos.

Para Shropshire, de Wharton, la presión sobre las empresas que invirtieron en China recuerda a la presión hecha por los activistas de los años 80 para que las empresas y organizaciones retiraran sus activos de Sudáfrica en la época del apartheid. “Las personas estaban convencidas de que las empresas deberían retirar sus inversiones de Sudáfrica, pero lo que ocurre es que no había mucho que retirar de allí en la época, por lo tanto no fue difícil hacerlo. En el caso de China, es mucho más complicado”.

De acuerdo con la encuesta hecha por Zogby este mes, la mayor parte de los americanos (un 55%) declaró que evitaría comprar productos chinos en respuesta a las violaciones de los derechos humanos hechas por China en Tibet y en otros lugares. Pero un porcentaje más elevado (un 71%) dijo que sería hipócrita por parte de EEUU boicotear íntegramente las Olimpiadas en virtud del gran número de productos que EEUU importa de China.

Las enormes inversiones hechas en China por parte de los patrocinadores extranjeros pueden ser un obstáculo a medida que atiendan a las reivindicaciones de los críticos. “Buena parte de las empresas están hipnotizadas de tal forma por el potencial del mercado chino que están dispuestas a quedarse calladas en cuestiones que puedan ofender el Gobierno de Pekín”, observa Henisz. “Cisco mostró que desea vender routers para ayudar el gobierno a controlar la comunicación; y Yahoo se mostró dispuesto a suministrar información particular de los chat boards que culminaron con la entrada en prisión de disidentes. El mercado es simplemente demasiado grande para ignorarlo, y la única forma de penetrarlo consiste en someterse a sus directrices”.

Lo ideal sería que los patrocinadores siguieran las directrices de los gobiernos, muchos de los cuáles también están intentando encontrar medios de dejar claro su descontento con Pekín sin boicotear totalmente los juegos, añade Henisz. El primer ministro británico Gordon Brown, por ejemplo, dijo que no participará en la ceremonia de apertura de los juegos. El presidente George Bush está siendo presionado para que adopte una actitud semejante. “Tanto empresas como gobiernos harán protestas simbólicas como, por ejemplo, boicotear la ceremonia de apertura. Los patrocinadores podrían dejar de lado algún posible beneficio o contribuir con la financiación de escuelas y proyectos de descontaminación. Ellos descubrirán un medio de pasar intactos por la criba de la crítica pública” en lo referente a las cuestiones más complejas como Tibet, donde, según Henisz, no hay perspectiva de éxito para ambas partes.

Una estrategia más moderada para hacer frente a las avalanchas de protestas públicas puede, a fin de cuentas, tener éxito para los patrocinadores, dice Zhang. “No veo cómo el beneficio y el riesgo de cambio pueden haber sufrido alteraciones básicas hasta este punto. Las Olimpiadas siempre fueron un gran escenario para todo tipo de jugadores y, a veces, las cosas pueden volverse complicadas y tomar un rumbo drástico. Al final, los juegos seguirán adelante. Las empresas americanas tal vez corran menos riesgos si su atención se fija en el espíritu de los juegos con el que sus clientes se identifican”.

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