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El calentamiento de la Tierra y sus efectos en el sector de la agricultura brasileña
lunes, 07 enero 2008

Autor: Universia Knowledge@Wharton
Si las previsiones de que en las próximas décadas las temperaturas, ya extraordinariamente altas de la Tierra, confirman que seguirán subiendo, algunos expertos señalan que, en el futuro, la economía brasileña correrá el riesgo de colapsarse.
El síntoma más anunciado de esta crisis potencial se manifiesta en la agricultura: El volumen de producción de granos podría caer a la mitad en el próximo siglo debido al calentamiento del clima y a la reducción de las áreas cultivables de importantes productos agrícolas del país.
Esta situación, que reclama una posición urgente por parte del gobierno brasileño en asuntos climáticos, parece ser fruto de la actual ambición por el progreso. Según las conclusiones del IPCC (Panel Internacional de Cambios Climáticos, según sus siglas en inglés), relacionado con la ONU (Organización de las Naciones Unidas), las evidencias de que la acción humana es responsable del calentamiento global son “inequívocas”. El IPCC confirma que los últimos seis años han sido los más calurosos de la historia y la concentración actual de gases en la atmósfera es la mayor en 650 años.
Sean humanos o naturales los motivos de los cambios, Brasil ha constatado importantes alteraciones climáticas en su territorio durante los últimos años. En 2005, una sequía en la Amazonia hizo que la región tuviera el menor índice pluviométrico en casi medio siglo. En un país generalmente libre de anomalías climáticas, el huracán Catarina perjudicó gravemente a los agricultores y dejó a cientos de familias desamparadas en el sur del país en 2004. La mayor temperatura registrada en la historia de Brasil se registró en 2005, en Bom Jesús (Piauí), donde los termómetros marcaron 44,6 ° C.
Estos cambios climáticos han tenido un impacto negativo en la economía brasileña. Un ejemplo de ello es el resultado de la producción de soja en 2006: La cosecha disminuyó más de un 10% respecto al año anterior debido al clima seco. Pero los efectos de esta reducción van más allá del perjuicio directo a los cofres del país. “La soja es importante para varias cadenas alimenticias de animales criados en Brasil. El grano sirve como base para la ración de aves y porcinos, además de representar en el campo una alternativa para el combustible tradicional sirviendo como materia prima para la fabricación de un tipo de bio-diesel”, afirma Daniela Bacchi, economista del CEPEA/ESALQ (Centro de Estudios Avanzados en Economía Aplicada de la Escuela Superior de Agricultura Luís de Queiroz).
Bacchi explica que tanto la atención a la demanda interna como a las exportaciones de este producto se han visto perjudicadas por el descenso de la productividad, lo que implica un aumento de los precios. “Las consecuencias directas de un descenso en la producción de soja aparecerán no sólo en el consumo interno, sino también en la balanza comercial”, subraya Bacchi. La reducción de los beneficios del negocio agrícola, responsable de más del 25% del PBI de Brasil, podrá causar perjuicios de hasta un 10% en la riqueza nacional.
Ante este panorama, algunos investigadores brasileños tratan de evaluar detalladamente qué daños sufrirá el sector agrícola brasileño si las temperaturas siguen elevándose. Para analizar este contexto con más precisión, el CEPAGRI/UNICAMP (Centro de Investigaciones Meteorológicas y Climáticas aplicadas a la Agricultura de la Universidad Estadual de Campinas) realizó un estudio en el que cruzó las previsiones del IPCC con la división en zonas de riesgo climático de los cinco principales cultivos agrícolas de Brasil: café, arroz, frijoles, maíz y soja. “A través de esta división sabemos qué, cuándo y dónde podemos plantar sin producirse ningún daño causado por el clima”, afirma el coordinador del estudio y director-asociado del CEPAGRI, Milton Silveira Pinto. Los investigadores de la UNICAMP y de la EMBRAPA (Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria, según sus siglas en portugués), asociada al proyecto, evaluaron cuáles serían las zonas aptas para la plantación de los cultivos seleccionados en el caso de producirse un aumento de temperatura de 1,4º. C, 3º.C ó 5,8º. C.
“Es una cuestión biológica. Las plantas dejan de hacer fotosíntesis con temperaturas superiores a los 40º.C. El café, por ejemplo, es más sensible al calor y no se puede cultivar en áreas donde la temperatura supere los 36º.C. Lo que hacemos es estudiar en qué áreas de cultivo el calentamiento global haría que las temperaturas superaran los límites de cada uno de esos productos, provocando un descenso de la producción”, afirma el coordinador del estudio.
En el peor de los casos, el estudio señala que las cosechas de los principales granos cultivados en Brasil podrían reducirse a la mitad en el próximo siglo. El café, cuya facturación corresponde al 5% del PBI del negocio agrícola brasileño, sería el producto más perjudicado con una descenso del 90% en la producción. Según el coordinador del estudio, el grano dejaría de existir para siempre en zonas tradicionales de cultivo como el Oeste del Estado de São Paulo, el principal polo económico del país, para pasar a ser producido solamente en Paraná y Río Grande del Sur, regiones al Sur del territorio nacional que cuentan con temperaturas más placenteras.
“Incluso con un aumento de apenas 1º.C de la temperatura, el daño producido por el descenso de la producción del café alcanzaría los 600 millones de dólares y hay quien dice que este panorama más optimista ya es irreversible y sucederá a corto plazo, en 10 ó 15 años”, asegura Silveira Pinto, del CEPAGRI. “La soja, cuyas exportaciones sumaron 8.800 millones de dólares entre enero y noviembre de 2006, sería el segundo producto más perjudicado por el calentamiento global. La reducción en la cosecha podrá variar entre el 10% y el 64%”, continúa.
Por su parte, Jurandir Zullo, director del CEPAGRI, asegura que “si las previsiones del IPCC se confirman, no beneficiarán nada a nuestros principales cultivos. Por eso es importante que estemos preparados”. Zullo señala que el estudio del calentamiento global tiene en consideración dos situaciones: “Una primera línea evalúa si los cambios climáticos que realmente están ocurriendo. Y la segunda plantea, en el caso de que haya cambios, qué va a pasar con la agricultura brasileña y a qué impactos habrá que hacer frente para que siga siendo rentable”.
Los estudios para dividir por zonas climáticas a Brasil se iniciaron a mediados de la década de los noventa y a partir de 1996 se convirtieron en políticas públicas (la división por zonas sirve como prerrequisito para los programas de financiación y seguro rural del Ministerio de Agricultura). Cuando los cambios climáticos globales se hicieron más evidentes a partir de 1999, se inició una segunda etapa del proyecto, que consistía en confirmar las transformaciones y su impacto en la actividad agrícola. “Estábamos analizando las alteraciones bajo la óptica de las precipitaciones pluviométricas, pero no conseguimos realizar grandes descubrimientos.
Tal vez porque la lluvia es un fenómeno climático aleatorio y puntual. En 2000, cambiamos de enfoque y pasamos a observar los cambios de temperatura que se hacían cada vez más evidentes”, cuenta el también coordinador del estudio y director de la EMBRAPA Informática, Eduardo Assad. “Las personas todavía no son concientes de que estas transformaciones existen, y que la única forma de estar preparados es invirtiendo en políticas públicas, en estudios. Con este proyecto conseguimos prever y proponer soluciones que reducirán la probable pérdida del 70% del área agrícola de Brasil”, añade.