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lunes, 11 agosto 2008

Dos empresas, dos propuestas para reducir el calentamiento global

Autor: Universia Knowledge@Wharton

Los hombres y mujeres de negocios dedican demasiado tiempo a pensar en las responsabilidades asociadas al calentamiento global –la posibilidad de que haya impuestos sobre el dióxido de carbono o de que se apruebe una regulación más estricta para las emisiones-, e ignoran su potencial lado comercial.

Esta es una de las conclusiones de la conferencia “Winners and Losers in Green Technologies” (“Ganadores y perdedores en las tecnologías ecológicas”), celebrada en Wharton y patrocinada por el Centro William y Phyllis Mack para la innovación tecnológica. Efectivamente, según los participantes en dicha conferencia, la llamada economía “verde o ecológica” representa oportunidades muy lucrativas para empresas que estén dispuestas a aprovecharlas.

Y no nos referimos únicamente a las oportunidades obvias -como la energía solar, eólica o los coches eléctricos-, sino a oportunidades presentes en prácticamente todos los sectores y todo tipo de empresas, desde las de reciente creación a las grandes empresas establecidas. Incluso organizaciones cuyos bienes y servicios no son fácilmente modificables podrían cambiar su imagen para atraer a clientes preocupados por temas medioambientales o poder competir con nuevas empresas más ecológicas. Durante la conferencia, ejecutivos de DuPont –empresa química de Wilmington, Delaware-, y de NetJets –empresa con sede en Woodbridge, Nueva York, que vende participaciones en la propiedad de jets privados-, compartieron sus experiencias al elegir “la senda verde”.

No obstante, hay que tener presente que reducir el impacto medioambiental de una empresa no es un objetivo sencillo: para introducir cambios se necesitan nuevos enfoques y las empresas que no sean capaces de adaptarse se quedaran atrás, señalaban varios conferenciantes. Pero la economía ecológica no beneficiará únicamente a empresas como Google, que está realizando un enorme esfuerzo invirtiendo en tecnologías respetuosas con el medio ambiente. Además de dinero, para ser ecológicas las empresas necesitarán modificar sus enfoques y políticas de innovación, explicaba Ian MacMillan, director del Sol C. Snider Entrepreneurial Research Center de Wharton. Si se dan los pasos adecuados, las empresas pueden reducir su impacto medioambiental y ganar dinero al mismo tiempo.

Es más, a veces las cuestiones monetarias impiden pensar con claridad sobre innovación, afirmaba MacMillan. Las empresas consideran que dedicar dinero a un problema es lo mismo que resolverlo, y al final no tienen más resultados que mostrar que su gasto en I+D.

Para demostrarlo, MacMillan elaboró una lista con las 50 empresas estadounidenses que más dinero han dedicado a I+D desde 1990 a 2003 y sus ratios relativos precio-beneficios (El ratio relativo precio-beneficios es el ratio precio-beneficios de una empresa en relación con el ratio precio-beneficios promedio del mercado). Dos tercios de las empresas tenían ratios relativos inferiores a la media. En otras palabras, los inversores consideraban que esas empresas valían menos que la empresa promedio.

No obstante, ante dicho análisis se podría alegar que el gasto total en I+D no demuestra nada más que el tamaño de la empresa. Por ejemplo, una empresa con tantos problemas en la actualidad como General Motors sigue dedicando enormes cantidades de dinero a I+D, pero dicho gasto no augura necesariamente un futuro prometedor. Para resolver este problema, MacMillan también calculó el gasto en I+D como porcentaje de las ventas –en otras palabras, controló el tamaño de la empresa-, y el resultado seguía siendo el mismo: el mercado no recompensa las inversiones en I+D. El ratio relativo precio-beneficios de la mitad de las empresas era inferior a la media.

“Podemos alegar que el mercado es miope”, señalaba. “Pero si se puede obtener un mejor rendimiento invirtiendo en restauración que en una fábrica nueva de semiconductores, la gente va a invertir en restauración. El mercado habla por sí mismo. “Los incentivos gubernamentales –como desgravaciones fiscales o subvenciones-, también han obtenido rendimientos relativamente bajos en el ámbito de las tecnologías ecológicas, explicaba. “Mi mensaje es que lo antiguo no funcionará. Hay que pensar en innovación en términos de razonamiento de opciones. Cuando existe una gran incertidumbre tecnológica y también en el mercado, habrá que razonar sobre las diferentes opciones para buscar futuras oportunidades”.

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