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lunes, 07 julio 2008

Aire puro: El día a día de las empresas en una era consciente de los cambios climáticos

Autor: Universia Knowledge@Wharton

Dónde instalar una nueva sede, cómo cerrar el circuito de la cadena de proveedores o cómo anticipar las demandas del cliente son decisiones con las que las empresas tienen que lidiar a medida que responden a la creciente preocupación por el calentamiento global.

Timothy Juliani, investigador del Centro Pew de Cambio Climático Global, de Arlington, en Virginia, asegura que el calentamiento global “tiene que ver con todo: con la forma en la que vivimos nuestra vida, la forma en la que usamos la energía o con cómo fabricamos y transportamos los bienes que producimos. En ese sentido, la humanidad jamás estuvo ante algo tan omnipresente”.

Con tantos elementos, ¿cómo obtienen información las empresas y saben qué pasos dar en una nueva era consciente de la importancia del clima? ¿Deberían dar prioridad a la modernización de sus sedes de acuerdo con patrones en sintonía con los nuevos tiempos, o introducir rápidamente en el mercado un nuevo producto que atraiga los consumidores verdes? Los profesores de Wharton y otros expertos señalan que las empresas deben utilizar una combinación de recursos internos y externos, siguiendo siempre hacia adelante, buscando no sólo gestionar los riesgos del cambio climático, sino también ganar ventaja competitiva.

Para las grandes empresas localizadas en EEUU y en otros países, responder al cambio climático “ya no es algo opcional”, dice Paul Kleindorfer, profesor emérito de Gestión de Operaciones y de Información de Wharton. “Cada vez más, accionistas y organizaciones no-gubernamentales actúan de forma decidida y objetiva en el sentido de que las empresas, por lo menos, comprendan su impacto sobre el medio ambiente”. Con los tres candidatos a la presidencia apoyando la legislación conocida como cap-and-trade [que fija un límite máximo de emisiones y crea un mercado para el libre cambio de acciones de derecho de emisión], la llegada de normas favorables a la conservación del medio ambiente es una “certeza”, añade Eric Orts, director del Proyecto de Liderazgo de Medio Ambiente Global de Wharton (Initiative for Global Environmental Leadership).

De acuerdo con un informe de 2007 de Lehman Brothers, banco de inversiones de Manhattan, las empresas deben tener en cuenta no sólo su exposición a la normativa vigente, sino también su vulnerabilidad a los efectos físicos del calentamiento global, la competencia de otras empresas y la exposición de su reputación, inclusive el riesgo de una posible acción judicial. “Las empresas que prosperarán en un mundo con el clima alterado serán aquéllas que ya han reconocido cuanto antes la importancia y la inexorabilidad de ese contexto, que han sabido prever, por lo menos, algunas de las implicaciones para su industria y que den los pasos necesarios con bastante antelación”, según el informe “El negocio del cambio climático”, de John Llewellyn, consultor senior de política económica de Lehman Brothers.

Con algunos de esos riesgos en mente, muchas empresas se dedican actualmente a la planificación “del escenario”, es decir, buscan evaluar no sólo las incertidumbres relativas a cómo y cuándo el calentamiento del planeta comenzará a tener algún impacto físico, sino también cómo el público reaccionará a ese tipo de situación, dice Kleindorfer.

“Imagine las consecuencias de la ruptura de una gran parte de la Antártida y su desplazamiento en dirección al Atlántico Sur, o una temporada más de huracanes de categoría cuatro o cinco. El efecto contagioso de un público alarmado puede dar lugar a una legislación con desdoblamientos significativos sobre las operaciones de las empresas, sobre todo para aquellas que están expuestas al clima”, observa Kleindorfer, que trabaja actualmente como profesor investigador de INSEAD, en Francia. “Es preciso que las empresas pongan en práctica sistemas que las permitan conducirse, de buena gana, en medio de eventos de ese tipo, si llegan a materializarse”.

Aunque en lo referente al público, de modo general, hay un debate sobre si el calentamiento global es un fenómeno causado por el hombre o no, Orts dice que los responsables de la toma de decisiones en la mayor parte de las empresas ya no cuestionan más el raciocinio científico detrás de las presuposiciones del cambio climático. “Lo que he oído de algunas empresas, cualquiera que sea el raciocinio de la ciencia, es que existe una realidad política, la introducción, que en un futuro próximo, de una normativa que atienda a la realidad del cambio climático”.

El análisis de las normas fragmentarias relativas al medioambiente en todo el país ha hecho también que las empresas presionaran a favor de una política nacional coherente, añade. “La legislación es ineludible, y el objetivo es hacerla lo más racional posible. Hay quien ve en eso una oportunidad estratégica de adelantarse a la curva de la regulación” introduciendo medidas voluntarias.

Pero, ¿qué medidas voluntarias tomar? Aunque se puedan imaginar tecnologías fantásticas — coches movidos a basura o paneles solares hipereficientes —, las empresas deben decidir lo que, de hecho, es factible, observa Michael Tomczyk, director del Centro Mack de Innovación Tecnológica de la Wharton (Mack Center for Technological Innovation). “Hay más carbón en EEUU que petróleo en Oriente Medio. Sin embargo, las fábricas a carbón producen un 40% de las emisiones de carbón de EEUU. La solución tecnológica ideal tal vez consista en el suministro de carbón limpio, ¿pero se trata de un mito o es un objetivo factible?”

Para Tomczyk, las incertidumbres de ese tipo pueden dar lugar a nuevas oportunidades. “Los innovadores adoran los desafíos monumentales. Actualmente, los investigadores en empresas diversas, fábricas y universidades están buscando innovaciones que reduzcan las emisiones de fábricas que utilizan carbón, aíslen el dióxido de carbono y promuevan el desarrollo de células solares más eficientes”.

Muchas empresas tomarán la delantera introduciendo estrategias “verdes” cuyas proposiciones de valor todavía no han sido probadas, añade Tomczyk, “sin embargo, ya existen indicaciones de que las empresas que se dispusieron a correr riesgos están, efectivamente, reduciendo el volumen de carbono emitido y comienzan a alcanzar resultados cuantificables”.

Para entender mejor ese escenario complejo, las empresas no sólo están buscando mantener contacto unas con otras; también recogen el apoyo especializado de las agencias gubernamentales, como el Centro Pew de Cambio Climático Global. Actualmente, 42 empresas participan en el Consejo de Liderazgo Ambiental de Empresas, cuya filiación se consigue sólo mediante invitación. Para esto, es preciso que todas las empresas participantes fijen objetivos específicos para la reducción de emisiones de carbono y endosen, públicamente, la petición de creación de una legislación obligatoria para la reducción de los efectos de los gases de efecto invernadero.

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