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La sociología debe preocuparse por estudiar los antiguos y los nuevos problemas
viernes, 03 octubre 2008

Autor: Alma Máter, edición No 569 - Universidad de Antioquia
La ciencia social no es muy bien recibida porque es un pensamiento que devela las realidades ocultas y permite, por tanto, enriquecer las visiones de la realidad. De ahí que se hayan creado condiciones, incluso institucionales, para reducir la sociología en particular y en general las ciencias sociales a un puro pensar y quehacer técnico.
Este pensar se limita a describir situaciones que no son cuestionables e incluso pueden ser muy funcionales para ciertos tipos de intereses creados o para resolver algunos problemas sin romper los parámetros de lo establecido.
Las anteriores aseveraciones corresponden al profesor Hugo Zemelman, del Instituto de pensamiento y cultura en América Latina, uno de los conferenciantes invitados al seminario “La inclusión del sujeto en el debate metodológico de la sociología y las ciencias sociales”, que se cumplió del 13 al 15 de agosto en Medellín, en la apertura de las actividades conmemorativas de los 40 años del programa de sociología de la Universidad de Antioquia.
En el marco de ese seminario, organizado por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, en asocio con el Centro de Investigaciones de la Fundación Universitaria Luis Amigó y la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, en diálogo con el periódico Alma Máter, Zemelman aseguró que hay que recuperar la importancia del pensamiento en la formación académica, en el sentido de habilitar a la gente a que sea capaz de hacerse preguntas nuevas sobre las realidades que están adviniendo en el continente, sin desmedro de la técnica.
Consideró que se desfiguró el papel de la sociología y de las ciencias sociales, entre muchas razones , y esta es la más obvia, porque el poder, el Estado, los gobiernos no están interesados en tener un pensamiento crítico.
Pero también hay otra razón, añadió, “y es que el propio proceso de formación en las universidades se ha ido deteriorando curricularmente, a veces por razones financieras que han obligado a empobrecer los currículos y a enfatizar en la capacitación del alumno más que en la formación de un intelectual, porque las universidades están interesadas en la inserción laboral de sus egresados y eso es más difícil para una persona con gran formación técnica y teórica y más fácil para una persona que es hábil o experta en resolver problemas”.
Asimismo, señaló que uno de los desvíos más importantes experimentados por la sociología y las ciencias sociales, anterior incluso a la actual deformación tecnocrática, es la ideologización excesiva, que llevó a que en el continente se construyeran discursos muy amplios, sin tener en cuenta la realidad propiamente tal, “y se terminó por inventar realidades, sujetos y cambios, con lo cual se hizo daño a las ciencias sociales y a la propia sociedad”.
Con respecto a la inclusión del sujeto en las ciencias sociales, fue enfático en que es un problema que hay que poner vigente por cuanto, observó, existe como una especie de destierro del sujeto en el proceso de formación y en el mismo proceso de investigación, y una especie de subordinación del sujeto al manejo de los instrumentales.
“Y los instrumentales, explicó, no requieren de sujetos, más aún en una época como la nuestra de abundancia de las máquinas, de los programas de computación, cuando alguien podría pensar incluso que las ciencias sociales pueden ser construidas con programas y no con sujetos”.
En contraste, observó que uno de los grandes desafíos de la coyuntura actual, “en tanto estemos de acuerdo que la realidad social la construyen los hombres”, es tener gente capaz de pensar opciones de construcción. Y en tanto el conocimiento de las ciencias sociales es de corto plazo, por oposición al historiográfico, que es un conocimiento de largo plazo pero desde el pasado, otro desafío que hay que afrontar, agregó, es de carácter epistémico.
A diferencia del conocimiento historiográfico, precisó, “el problema es que nosotros tenemos que dar cuenta del presente y no lo podemos extrapolar más allá de un cierto tiempo porque no es posible preverlo y es ahí donde se plantean los grandes temas epistémicos: cómo puedo yo estudiar desde el presente el largo tiempo”.
El profesor Hugo Zemelman reconoció que las ciencias sociales y la sociología, en particular, ha contribuido a entender problemas muy puntuales, como por ejemplo el problema de la pobreza, de la delincuencia, de la desorganización social, de la anomia social; asimismo, el comportamiento de los jóvenes que no tienen normas claras de orientación, pero también cómo funciona la burocracia y los sistemas políticos a través del análisis de las instituciones y de los sistemas electorales, y ha contribuido a analizar los partidos políticos, los movimientos sindicales.
Y concluyó que tales problemas, que él mencionó como aportes, son temas que puede continuar trabajando la sociología, pero ahora tiene que hacerse otras preguntas.
Algunas de esas preguntas, señaló, “son si América Latina está pasando por una coyuntura, si está entrando a un periodo histórico de largo tiempo, cuáles son los nuevos actores sociales, cómo se están expresando, cómo se están organizando, cuáles son las nuevas visiones de futuro que existen, cómo se está trabajando la memoria, qué dinamismo tiene la economía latinoamericana si se tiende a las contradicciones entre la lógica económica con los patrones culturales”. (LJLB)
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