Independientemente del tipo de la entrevista escogido por el entrevistador, éste siempre evaluará una serie de áreas determinadas, haciendo énfasis más en unas u otras, en función de las características, objetivos propios de la empresa y de la vacante a cubrir. Para ello, es importante que repase los datos y detalles de su hoja de vida.
º Estructurada o dirigida: Se basa en un cuestionario
de preguntas determinadas previamente por el entrevistador, el cual
sirve como una lista de verificación. Generalmente, el
entrevistador utiliza un formulario que sigue el orden de la solicitud
de empleo y en el que están anotados los ítems por verificar. Tiene
además espacios para las observaciones que debe registrar.
De
esta manera se configura un proceso meramente mecánico. El
entrevistador desempeña un papel activo, mientras que el entrevistado
se limita a responder. Garantiza una cierta objetividad en el
sentido que se formularán las mismas preguntas a todos los
entrevistados. Por el contrario, es un proceso tan preparado que
puede impedir expresar sus puntos fuertes, que son finalmente los que
lo diferencian del resto de candidatos.
º No estructurada o libre:
Se presenta cuando el entrevistador no sigue un cuestionario
preestablecido. Permite que el entrevistador formule preguntas no
previstas, pues no está preocupado por la secuencia sino por la
profundidad que la entrevista pueda permitir. Los temas se van
abordando a medida que surge el diálogo. Es menos “objetivo” que
el anterior método, pero posibilita un clima menos tenso donde el
entrevistado puede expresarse con mayor facilidad. Su principal
problema es el papel activo que exige al entrevistado.
Es
utilizada para proveer puestos que requieren una gran capacidad de
estructuración, iniciativa y facilidad de expresión del candidato.
Página 1 de 2