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Entrevista laboral - ¿Una tortura o un dulce desafío?
lunes, 24 diciembre 2007

Autor: Universia Chile
Aunque existan consejos que nos pueden orientar, no existe una regla única que sea la panacea de cómo enfrentar una entrevista laboral. Cada situación es diferente e intervienen diversos factores. Aquí una de tantas historias que puede serle familiar, si ya le sucedió, o de ayuda para su próxima entrevista.
Corría el verano del año 2000 cuando un amigo me dice “te conseguí una entrevista de trabajo para mañana a las nueve”. Mi primera reacción no fue dar las gracias, sino al contrario, lanzarle duros epítetos por no haberme consultado antes.
Esa noche no logré conciliar el sueño, me levanté dos horas antes de la entrevista, para llegar con antelación. Bien afeitado, zapatos lustrados y el mejor traje. La cita era en pleno centro, pero decidí ir en automóvil, craso error. Estuve media hora buscando estacionamiento y cuando lo encontré fue a 10 cuadras de la entrevista. Resultado: llegué atrasado 15 minutos y todo transpirado. Era el peor escenario, si ya estaba nervioso lo anterior me puso aún más. Me hacen pasar a una sala de reuniones y comienza el interrogatorio.
En esos minutos que para mí fueron horas, me jugué toda mi chance, ya que las preguntas eran para analizar mi perfil, capacidad profesional, temperamento y las fortalezas y debilidades ante otros candidatos. Un punto importante que no dejé de lado el día anterior fue estudiar e indagar sobre la empresa en cuestión, ya que con esto aumenté las posibilidades de causar una buena impresión y destacarme frente al resto.
Lo que comenzó como una tortura terminó en un final feliz cuando al día siguiente me llaman para avisarme que había quedado seleccionado. Pero no siempre los finales son felices, eso le pasó a Javier, un amigo mío y actual compañero de oficina, en su primera entrevista laboral en una importante compañía aérea nacional. No cumplió las reglas básicas de responder sólo lo que le preguntaban, además se situó en un nivel superior a la persona que lo estaba entrevistando, fue impaciente y no supo escuchar. Más encima no fue honesto en sus respuestas y eso fue un obstáculo insalvable a la hora de sortear de buena manera el importante proceso de selección.
Para completar la cadena de errores tuvo el desatino de comenzar la entrevista con las preguntas que tenía respecto a la empresa, el sueldo, el cargo, etcétera. Algo que nunca es bien visto y que de seguro le terminó de quitar opciones para el puesto. Sin contar que cuando le dijeron que se describiera, en vez de dar una respuesta corta y que resaltara aspectos que podrían ser importantes para el perfil del cargo, respondió una extensa oda ególatra donde él era el “señor perfecto” e indicado para el puesto. Y para el final dejó una pregunta que sepultó para siempre sus oportunidades en dicha empresa, al preguntar si había un bono de combustible, ya que el lugar físico de la oficina era en el aeropuerto a más de 30 kilómetros de la ciudad y que él no estaba dispuesto a correr con ese gasto.
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