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lunes, 29 octubre 2007

Juan Carlos Vergara Silva

Autor: Mónica Quintero G. - Especial Universia


El papel de la educación superior

Dentro del ámbito de la educación superior en Colombia, su tarea ha sido puntual y concreta. Su paso como catedrático por algunas universidades colombianas lo ha hecho reflexionar sobre el papel del nuevo profesional y su relación con el idioma español.

Como miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua, en el año 2002, pronunció su discurso de posesión en donde llamó la atención de los asistentes por el descuido de la educación superior frente al uso apropiado del español. “Una persona puede tener bajas competencias en lengua española y puede llegar a terminar su carrera profesional sin ningún problema, incluso terminar una maestría o un doctorado”, explica. Para él resulta muy penoso que en Colombia se tengan controles muy estrictos para el idioma inglés, pero para el español no se tenga el mismo interés. Agrega que la formación profesional de los estudiantes tiene una alta deficiencia lingüística y gramatical, en otras palabras, una minusvalía lingüística profunda.

Sonriente habla de las múltiples veces que ha sido atacado por algunos colegas cuando defiende la importancia del español y su presencia en las áreas geográficas de habla hispana. Algunos incluso lo han llamado retardatario, anticuado y con desconocimiento del desarrollo de la ciencia y el progreso, pero él responde que aprender correctamente a hablar español es una cuestión de cultura, de compromiso con el país y de entender que no se necesita aprender una segunda lengua para moverse en el mundo, ya que el español tiene un espacio significativo en la geografía mundial que va desde México hasta el sur de la Patagonia y es la segunda lengua más importante en los Estados Unidos y el Brasil.

No en vano, el español es una de las lenguas modernas más reconocidas en el mundo y aclara: “a pesar de tener tantas diferencias léxicas, siempre nos entendemos en todos los países. No es lo mismo el vos de los antioqueños y el vos de los argentinos; el bus de lo colombianos y el camión de los mexicanos, y sin embargo nos entendemos. El español es maravilloso y a veces no vemos que lo tenemos ahí para aprovecharlo inmensamente”.

Describe a la política de aprendizaje colombiana del idioma español como débil y confusa; considera que el idioma inglés no puede estar como primera lengua por encima de la propia. “En Colombia nadie se da cuenta que una persona nacida en su territorio que no puede expresarse en su lengua propia es una vergüenza y al contrario se piensa que aprender un idioma extranjero cuando no se maneja el propio es un éxito”, explica esto con un tono de vergüenza ajena y por supuesto, sin desconocer que es un enamorado del español y que no desconoce el valor e importancia estratégica de la lengua inglesa, que también maneja a la perfección.

La realidad, insiste Juan Carlos, es que la lengua española, la que en algún momento fue considerada como el honor de Colombia, de ser el país que mejor escribía, hablaba y cuidaba el idioma español, es ahora la de ser un país que se avergüenza, en ciertos ámbitos, de su idioma. “Mi creencia es que el país debe reconocer que la formación en lengua propia es el mejor fundamento para una educación bilingüe y que mediante el desconocimiento de la lengua propia y la exaltación de la lengua extranjera lo único que estamos haciendo es el ridículo internacional”.

 Pero no solo sus aportes al idioma español han causado impacto en el mundo académico, también se evidenció cuando participó en el programa de Lenguas Modernas en la Universidad EAN. Como si lo innovador no le intimidara, cuenta con orgullo sus contribuciones a este programa; en donde su propósito era el de que los egresados no fueran solo profesores o traductores, sino que estos nuevos profesionales trabajaran como asesores de gestión empresarial, a partir de una formación en lenguas que ayudara a los empresarios a salir de su ‘parroquianismo’ y se beneficiaran de las competencias de un asesor en tecnología de las comunicaciones, en empresa y en usos efectivos de los idiomas para la gestión empresarial.

Juan Carlos se siente más que satisfecho. Repite que el recibimiento oficial que tuvo hace unos meses en el paraninfo de la Academia Colombiana de la Lengua, como Miembro de Número, lo han conmovido. Ese taburete de madera que lleva un escudo en la espalda que dice: “La lengua es la patria” y al que él jamás pensó llegar, aclara, tan joven, son su máxima realización profesional. Durante la posesión de su nuevo cargo, su discurso estuvo basado en la “Nueva Gramática de la Lengua Española como Instrumento de Integración en Hispanoamérica”. Allí señaló que el trabajo que se está haciendo sobre la nueva gramática no es solo un trabajo científico, sino un trabajo en defensa de la lengua española. “La gramática no es un libro solo para estudiar la lengua y para entenderla, sino un instrumento que va a reflejar la unión de los países hispanos, en torno a un elemento que no tiene discusión y es el de que hablamos una lengua común”, dijo en el acto.

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