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Matemáticas y Ciencias Naturales
Juan Armando Sánchez
lunes, 07 abril 2008

Autor: Mabel P. López – Especial para Universia Colombia
Azul profundo
El coral es un diminuto animal que tiene la capacidad de fijar sobre sus tejidos el calcio que se encuentra en el mar, de esa forma construye un caparazón con apariencia de ramificaciones, que lo protege. A lo largo de su vida convive amigablemente con unas microalgas denominadas zooxantelas, que crecen sobre su caparazón y que requieren aguas cristalinas para multiplicarse y hacer fotosíntesis. No las consume, pues es carnívoro, se alimenta de zooplancton (pedacitos de peces dejados por depredadores y llevados por la corriente).
Cuando muchos corales se reproducen en el mismo lugar, conforman los arrecifes coralinos, unos ecosistemas de vital importancia para la humanidad, pues a ellos están asociados pequeños peces y algas que son la fuente de alimento de organismos marinos superiores que van a la mesa de los hombres y las mujeres (pargos, langostas, pulpos). Así mismo, los arrecifes protegen las costas de la erosión producida por la fuerza de las olas, y sus sedimentos y fragmentos rotos surten a las playas de arenas blancas.
Estos ecosistemas son sensibles a cambios muchas veces imperceptibles en la tierra, como el aumento de la temperatura o del dióxido de carbono. A su vez, el hombre deja en ellos una nociva impronta mediante la contaminación del mar con basuras y aguas negras y el consumo indiscriminado de los peces herbívoros que controlan el crecimiento de las algas (peces loro y cirujano, entre otros).
Precisamente, Juan Armando Sánchez se ha dedicado, desde sus épocas de pregrado, al estudio de algunas de las especies animales y vegetales que juegan un papel protagónico en los arrecifes coralinos, al tiempo que busca soluciones a problemáticas como la falta de resiliencia, es decir, la dificultad del ecosistema para recuperarse de una perturbación.
Actualmente las tesis de pregrado, maestría y doctorado de su grupo de investigación se mueven en tres líneas: una relacionada con cambio climático en el mar Caribe, otra con el aumento del dióxido de carbono y la consecuente acidificación oceánica en el
Pacífico y la última con la evolución biológica de los corales. En la primera, los científicos analizan el vínculo entre el aumento de la temperatura del mar, la dificultad de las zooxantelas para hacer fotosíntesis por esa causa y su posterior expulsión del coral, hecho que deriva en un efecto de blanqueamiento irreversible que pone en peligro la vida del animal.
En dicho proyecto, estudiantes y docentes investigan los tipos de zooxantelas presentes en el Caribe colombiano y determinan cuáles son las más vulnerables al cambio climático. Así mismo, analizan qué tipo de animales suelen consumir dichas algas, pues si la población de estas plantas disminuye, la de corales y peces también, lo que afecta la economía del lugar. “Por esa razón, la mitad del equipo de investigación es socioeconómico. El estudio pretende mejorar la efectividad del manejo de las áreas marinas”, explica el docente.
De otro lado, los proyectos en el Pacífico colombiano exploran las razones por las cuales el aumento de dióxido de carbono en el mar conduce a la producción de ácido carbónico y por lo tanto al cambio del PH y el perjuicio de los corales. “En el mar hay unas moléculas denominadas carbonatos CO3. Los organismos que tienen esqueletos calcáreos, como los corales y las estrellas de mar, necesitan de dichas moléculas y de calcio para solidificar sus esqueletos. Pero cuando disminuye el PH del mar, por saturación de dióxido de carbono (ácido carbónico), los organismos marinos no pueden fijar el calcio y quedan sin protección.
Ese es el caso del abanico de mar, coral presente en los arrecifes de la Isla Gorgona. Debido a que posee una estructura calcárea débil, el animal es atacado por hongos y está muriendo aceleradamente. “La forma como se defendía era calcificando su herida, pero ante la disminución del PH del mar ya no puede hacerlo”. En este sentido, los investigadores estudian las tasas de calcificación, la naturaleza del hongo (Biología Molecular), y trabajan en la clasificación taxonómica de los abanicos.
La tercera línea del grupo Biomar se centra en la biología evolutiva de los octocorales de Nueva Zelanda. Los estudiantes de maestría y doctorado uniandinos que cursan sus prácticas en dicho lugar observan las estructuras ramificadas de los animales y hacen una relación entre la forma del esqueleto y el grado de evolución del organismo (Filogenética Molecular). Adicionalmente, la idea es que dicha experiencia sirva para entender las diferencias morfológicas que existen entre los diversos grupos corales del Caribe y los del Pacífico, a causa de la división de las aguas que produjo el cierre del Istmo de Panamá hace varios millones de años.
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