miércoles, 10 octubre 2007

Autor: Mabel P. López – Especial para Universia Colombia
El 16 de mayo de 1984
Ese día, durante una protesta estudiantil en la Universidad Nacional, la Policía ingresó al claustro y asesinó a un número indeterminado de estudiantes y detuvo a otros. Después de los confusos hechos, la Rectoría decretó el cierre de la institución educativa y luego de continuos enfrentamientos de los jóvenes con la Fuerza Pública, las residencias estudiantiles y la universidad fueron cerradas indefinidamente. Al hecho le siguieron protestas, paros cívicos y movimientos de presión, que conducirían a su reapertura a media marcha en 1985.
Justo en ese periodo Horacio Torres y familia regresaron a Colombia y al reintegrarse a la academia, el ingeniero, descubrió que no tenía mayor cosa que hacer, pues no había estudiantes con quienes trabajar. Paradójicamente el difícil momento por el que pasaba la Nacional contribuyó a la conformación de su grupo de investigación, Programa de Adquisición y Análisis de Señales-PAAS, pues con otros docentes que también acababan de volver y varios estudiantes que se acercaban a ellos preocupados por su futuro académico se metieron de lleno en el cuento de los rayos y lograron que el conocimiento triunfara sobre la adversidad.
Medir rayos no es una tarea fácil, pues implica un alto riesgo para los científicos por las altas tensiones que se manejan y adicionalmente requiere de mucha paciencia, ya que las descargas no aparecen en el momento y lugar que los investigadores deseen. Tradicionalmente los académicos aprovechan las ondas que viajan por el suelo cuando el rayo cae a tierra para medir la corriente, polaridad, frecuencia, densidad y velocidad a través de sofisticados aparatos, sin embargo, siete grupos en el mundo han logrado hacer una medición directa, uno de esos colectivos es el de Horacio Torres.
Uno de los primeros proyectos del grupo, con el apoyo de la empresa Interconexión Eléctrica SA (ISA) y Colciencias, fue el análisis de las condiciones en las que estaba operando el sistema eléctrico colombiano y posteriormente la zonificación de mayor actividad de descargas eléctricas atmosféricas en el país (proyecto con el HIMAT, antiguo IDEAM). Este trabajo, en el que el grupo invirtió años debido a la carencia de tecnología para realizar una sistematización rápida de la información, fue el insumo para las primeras recomendaciones de protección de la industria contra los rayos.
Un avance importante si se tiene en cuenta que éstos son los causantes de más del 60% de los apagones del sistema eléctrico colombiano. “El país pierde anualmente más de seis millones de dólares por el daño de cerca de 7.000 transformadores de distribución. Adicionalmente, los costos por baja calidad de la energía eléctrica en Colombia (armónicos, sobretensiones transitorias, bajas y subidas de tensión) representan cientos de millones de pesos en pérdidas y soluciones”, comenta Torres, quien explica que las aseguradoras colombianas pagan anualmente una cantidad descomunal de dinero por quema de equipo eléctrico y electrónico debido al impacto de los rayos. “Aunque aún no se ha hecho un estudio estadístico juicioso de muerte de personas por esa causa, las noticias de periódicos nacionales permiten estimar en muchomás de 100 las que fallecen anualmente”, agrega.
Precisamente para prevenir riesgos, en el año 2000 el grupo jalonó la creación de la Red de Localización de Rayos, financiada por la entonces Empresa de Energía de Bogotá (hoy Codensa) y por ISA. “La Red está conformada por 11 antenas dispuestas a lo largo del país, con dispositivos que miden perturbaciones por rayos a 400 kilómetros de distancia, las analiza y envía a un centro de control en ISA”.
Gracias al agregado de mediciones que se lograron desde entonces, hoy el país es capaz de predecir la caída de un rayo con media hora de anticipación y prepararse para su potente descarga. Ello ha conducido a que se diseñen líneas de transmisión más sólidas y a que las empresas aseguradoras pierdan menos dinero por los daños de las mismas.