miércoles, 10 octubre 2007

Autor: Mabel P. López – Especial para Universia Colombia
¡Cuidado!, alta tensión
Horacio Torres actualmente es una autoridad académica en el tema de rayos, sin embargo, su desempeño laboral no siempre estuvo ligado a la teoría. En realidad comenzó como Jefe de los Campos de Prueba y Control de Calidad de la fábrica de transformadores de la Siemens en Bogotá y posteriormente pasó a ocupar el cargo de Jefe de Diseño de Transformadores de Distribución y Potencia.
De cierta forma podría decirse que es un cerebro fugado de la industria por cuenta de la academia, pues a pocos meses de graduarse de la Universidad Nacional ya hacía parte de la Siemens, empresa en la que participó en el desarrollo de una nueva gama de transformadores con diseño y la fabricación colombianos. Uno de los prototipos empleados durante ese proceso de innovación tecnológica fue donado por el ingeniero a su Alma máter, que después del acto protocolario lo reclamó como docente.
“Gabriel Sánchez, el directo del departamento de Ingeniería Eléctrica, me propuso que me vinculara a la universidad, pero yo no quería ser profesor, así que decliné la propuesta. Sin embargo, él supo cómo convencerme al ponerme sobre la mesa el reto de pasar el examen de selección para saber si todavía manejaba la teoría, yo acepté para medirme y recibí uno de los ocho cupos de una convocatoria masiva adelantada en 1978”.
Pero aún después de haber pasado el reto, Horacio Torres se seguía negando a aceptar su verdadera vocación, y no lo habría hecho de no ser por la posibilidad de cumplir, a través de la academia, el sueño universitario de doctorarse en Alemania. “Gabriel no se podía comprometer a ayudarme con una beca para irme a Europa, pues eso no dependía de él, sin embargo lo hizo y logró que yo dejara Siemens y me viniera por la mitad del sueldo”.
Gracias a esa decisión, Torres ganó un espacio para ahondar en los misterios de la energía eléctrica, al tiempo que lo hacía en la mente y el corazón de sus estudiantes, lo que lo llevó a entender que “la docencia no es simplemente cuestión de títulos, resultados y premios, sino de una respuesta ética adecuada. Es un problema de conocimiento basado en principios y a la universidad le falta mucho de eso”.