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Alberto Ospina Taborda
viernes, 12 octubre 2007

Autor: Lisbeth Fog, Periodista científica - Especial Universia
El capi no para
El capi Ospina tiene un sinnúmero de tesoros en su casa. El documento que escribió en un par de páginas para convencer sobre la importancia de crear un instituto de ciencia; el texto de enseñanza de la física que tradujo; los escritos en la revista Semana, algunos de los cuales tienen una nota de su puño y letra que dice ‘Pagado’; algún ejemplar de La Corredera, la revista de los cadetes navales, donde ocupó el cargo de jefe de Redacción. Todo un archivo histórico del recorrido de la ciencia y la tecnología en el país.
Y sigue activo. Impulsa actualmente la iniciativa de modernizar y transformar la enseñanza técnica y tecnológica en el país, idea surgida a raíz de la propuesta de crear un Instituto de Orientación Vocacional y Preparación Práctica, de don Hernán Echavarría desde la década del sesenta, para que los jóvenes en edad universitaria que no puedan asistir a la universidad, tengan la posibilidad de capacitarse en algún oficio. “Eso es otra revolución bien grande que solamente va a cosechar frutos en unos cuantos años”, dice orgulloso, pues es una iniciativa que surgió desde hace más de cuarenta años, pero a la cual sólo le ha dedicado esfuerzos en los últimos cuatro. “Ahora estoy muy satisfecho de ver que la educación técnica y tecnológica está tomando el auge que se necesita; la idea es impulsar una revolución en esa enseñanza porque hasta el momento no se ha logrado generar el entusiasmo suficiente para hacer una transformación sustancial, aunque si para hacer un progreso”.
El capi ha pasado además del telégrafo y la clave Morse a la Internet, el IPOD y ya casi al IPhone. Nada lo asusta. “Realmente ha sido un privilegio vivir estos años que me ha tocado vivir, pues en mi pueblo lo único que había era un radio, que ponían en la plaza y todos nos hacíamos alrededor para oírlo. Me tocó además ver nacer el avión de reacción a chorro, el nacimiento del transistor, a comienzos de los 50 y si, me ha tocado adaptarme y he podido hacerlo”.
Algo debe tener el capi Ospina. Además de lo aquí descrito, -que conste que se quedaron muchas realizaciones, anécdotas e historias alegres y tristes por fuera-, el capi tiene una inmensa paciencia, una ecuanimidad sin límites y una grande, pero humilde satisfacción por todo lo logrado en sus más de 80 años de vida. Su mirada abrasadora y su sonrisa amable dan cuenta del gran hombre que llegó de Titiribí y que a punta de pequeños logros puede darse el lujo de estar en la galería de quienes han hecho historia en el país.
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