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Farid Chejne Janna
domingo, 18 noviembre 2007

Autor: Mauricio Galeano Quiroz - Especial para Universia Colombia
Las claves del éxito
Frente a la definición del verbo investigar, el profesor Farid Chejne reflexiona y expresa: “La investigación es la búsqueda permanente del conocimiento. Es el deseo de saber y justamente el proceso de indagar. Investigar no es lanzar el cohete a la luna, investigar es tratar de entender las cosas simples, por ejemplo cómo puedo succionar la tinta de un frasco para llenar una pluma, saber si lo hago rápido o despacio”. Agrega que para investigar “se debe tener una mente inquieta, permanentemente crítica, dispuesta a interrogar y a no aceptar con ligereza lo que te rodea. Es tener los sentidos abiertos y percibir los cambios. Entender la diferenciación es tener una mente propicia para la investigación”.
A pesar de que los logros y éxitos académicos y profesionales en su hoja de vida son extensos –como la publicación de más de 80 artículos, seis libros y cinco capítulos de libro–, el profesor Farid Chejne se considera todavía “en pañales” por que no “he alcanzado el nivel que quiero y no sé si me alcanzará la vida para lograrlo”. Ahí es donde uno debe ser sencillo. Y es que en su curriculum se destaca que ha sido profesor visitante en instituciones extranjeras como el Instituto Costarricense de Electricidad, en Costa Rica; la Universidad Estatal de Oklahoma, Estados Unidos; la Universidad Politécnica de Madrid, en España; y la Universidad Libre de Bruselas, en Bélgica; además en Medellín ha sido docente de las universidades de Antioquia, Eafit y Pontificia Bolivariana.
De sus logros como investigador, opina que uno de los más importantes es la formación de estudiantes “porque he sido el que ha puesto el hombro para que muchos otros avancen – algunos más que uno–, además transmitir el descubrimiento de nuevos fenómenos y de innovación para que los estudiantes tengan una actitud creativa es muy satisfactorio”.
Sin embargo, hay tres experiencias investigativas y una de carácter aplicativo que reseña con orgullo. “La primera fue en Bruselas en el Instituto Internacional de Solvay dirigido por el Premio Nobel de Química Ilya Prigogine (fallecido) a quien admiraba. Allí aprendió sobre el análisis de inestabilidad aplicado a fenómenos físicos. En ese tiempo el profesor Chejne dirigía una tesis de maestría y tenía un problema de termoacústica. Al problema se le daba una explicación –que ganó un premio en Estados Unidos a la mejor investigación–: “Era la aparición de sonidos por medio de una fuente térmica, el cual fue analizado a partir de las ecuaciones de balance de materia momentum y energía. Nosotros pensamos que la aparición del sonido a partir de un gradiente de temperatura era una nueva estructura como las que proponía Prigogine y que podía aparecer a partir de una diferencia de temperatura crítica, que era cuando inestabilizaba el sistema; entonces con la ayuda de un estudiante en ese momento, Alejandro Rivera, analizamos la idea y efectivamente se dio la explicación a ese fenómeno termoacústico a partir de una inestabilidad. Definimos cuánta era la diferencia de temperatura crítica por un camino diferente. Ese es uno de los logros que más me enorgullecen”, rememora el ingeniero.
Para definir la experiencia de una manera más simple el profesor explica: “El fenómeno termoacústico se conoce desde la época de los faraones: las esfinges tenían unas cavidades en los ojos y cuando el sol entraba a cierta hora las calentaba y aumentaba la temperatura, esto producía una expansión del aire que lo obligaba a salir por el orificio de una trompeta, se comprimía y se expandía y generaba una onda de sonido. O inversamente, con un sonido se puede producir una diferencia de temperatura y se puede generar frío, como en el caso de los refrigeradores termoacústicos”.
La segunda experiencia exitosa de su carrera fue en otro proyecto sobre el Análisis de procesos mediante la termoeconomía, una teoría desarrollada por el español Antonio Valero. Exploró la necesidad de modificar la teoría y “nadie daba un peso por esa posibilidad, porque supuestamente no había necesidad”. La teoría relacionaba las irreversibilidades con las corrientes energía que entran y salen, pero Valero le daba prácticamente el mismo valor termoeconómico a una corriente utilizada en una turbina o en una bomba y el profesor Chejne demostró que eso no era así, y propuso una modificación a la teoría.
Una tercera experiencia de gran relevancia –y ha sido el caballito de batalla para futuras investigaciones–, se relaciona con el desarrollo de modelos matemáticos para predecir el comportamiento de fenómenos naturales, como la combustión de carbones en lecho fijo, la gasificación de carbón en lecho fluidizado, la adsorción y absorción en materiales poroso. La modelación fenomenológica hoy en día se ha convertido en una práctica común entre todos los que de alguna manera han tenido influencia del profesor Chejne.
El trabajo que el profesor y su grupo han desarrollado en el tema de uso racional de energía ha logrado que la industria pueda ahorrar energía y se vuelva más competitiva, además de ofrecer asesoría en la compra de equipos y diseños adecuados. En el desarrollo de tecnologías implementaron una nueva tecnología: el desarrolló un modelo matemático para la combustión y la gasificación del carbón en una ladrillera, artículo que ha sido muy referenciado en el ambiente académico.
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