lunes, 10 diciembre 2007

Autor: Lisbeth Fog, periodista Científica - Especial para Universia
Destino: Suiza
Nacido en la región azucarera de Zarzal, Valle, a los 9 años sus padres lo enviaron a donde unas tías que vivían en Cali, para que continuara sus estudios secundarios. Hijo de maestra de escuela, había aprendido a leer y a escribir casi desde la cuna, lo que le permitió hacer una rápida carrera académica: se graduó a los 15 años.
Lo que en realidad quería hacer Sánchez era estudiar filosofía o dedicarse al voleibol. Por más disímiles que parezcan, eran dos de sus pasiones, y dos posibilidades hacia el futuro. Pero reconoce que también era muy bueno para las matemáticas, le gustaba la electricidad y lo más cercano a lograr desempeñarse en estas tres actividades era la Universidad del Valle.
Así que se matriculó a la carrera de ingeniería eléctrica en la gran universidad pública del departamento del Valle, y entre paros y huelgas, - eran comienzos de la década del setenta-, logró terminar sus estudios universitarios, pasando gran parte de su tiempo al frente del gran computador de la universidad, asistiendo a conferencias sobre filosofía o jugando voleibol.
“También participaba en todas las manifestaciones y discusiones de política que pasaran por mi lado, así como escuchando rock o asistiendo al cineclub de Andres Caicedo”, confiesa. Era hippie, peludo, vestía camisas floridas de gran cuello y pantalones con bota campana. Sus compañeros lo recuerdan como el mejor estudiante de la facultad, aunque Sánchez no está muy seguro que se acuerden de su nombre. “Todos me llamaban Trapito o Trapo, a causa de un personaje hippie de la tira cómica Educando a papá”.
De la universidad recuerda con especial afecto a su profesor Jaime Gru, quien dictaba la cátedra de sistemas digitales, quien en tercer año de carrera lo introdujo en el conocimiento del hardware de los computadores, y desde entonces quedó matriculado en esta disciplina de la ciencia.
“He tenido mucha suerte con la informática”, dice Sánchez, pues tuvo la posibilidad de pasar largas noches perforando tarjetas en el computador central de la Univalle, identificado con el número 1130, no se le olvida este número, pero también porque al llegar a Suiza, llegaba al mismo tiempo el primer microcomputador que había que instalar en la facultad y fue Sánchez el encargado de hacerlo. “Tanto en Colombia como acá”, dice en entrevista realizada por Skype para Universia, “viví épocas pioneras de la informática”.
En Suiza participó además en la creación de la facultad y el departamento de informática y sistemas de la EPFL, creó el curso de arquitectura de computadores, y cada vez especializando más su campo de acción, empezó a desarrollar el concepto de los sistemas de computación reconfigurables y los sistemas bio-inspirados.


