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Economía, Administración, Contaduría y afines
Pedro Amaya Pulido
jueves, 18 octubre 2007

Autor: Lisbeth Fog (Periodista científica, especial para Universia)
Comprometido con el país
El compromiso de Amaya con el país lo acompañó hasta el día de su muerte, el 30 de diciembre de 2005. Había publicado en 2001 el libro “Colombia: un país por construir”, gran éxito de venta durante los meses de septiembre y octubre, presentado y discutido en diversos seminarios y eventos buscando validar sus resultados. Iniciado en Colciencias a finales de los años 80, era el resultado del trabajo con estudiantes de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional.
El estudio, de carácter prospectivo busca la construcción colectiva de un proyecto de nación de largo plazo, partiendo de conocer los problemas críticos del presente, de reflexionar sobre los retos presentes y futuros de la sociedad colombiana.
Pretendía que todos los colombianos tuvieran una vida digna, próspera y feliz, para lo cual se requerían entendimiento, comprensión, tolerancia, imaginación , creatividad y audacia, y asumir el postulado de que “el futuro es la razón de ser del presente”. Se trataba de la primera parte del estudio y al momento de su inesperada muerte estaba inmerso en continuar ese proyecto “para iniciar una acción transformadora que permita construir una Colombia en la cual haya creación colectiva de espacios y oportunidades y donde quepamos todos”, según decía en la presentación del libro.
Este espacio de reflexión que organizó en la Universidad Nacional de Colombia es otro de sus grandes logros, de acuerdo con el físico Eduardo Posada, compañero de Amaya desde la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, A.C.A.C. en el proyecto de sacar la ley 29 de ciencia y tecnología.
Siendo una persona ecuánime, que sabía escuchar al otro, que daba la posibilidad de disentir, tenía muy claras sus posiciones e ideales. Su colega y amigo Jorge Ahumada lo define con una anécdota, cuando trabajaban en la Colciencias de la calle 132 en Bogotá:
“En la zona verde exterior al taller de impresión había un árbol en buen estado y de regular tamaño que aparentemente interfería con la obra para hacer el parqueadero y a alguien se le ocurrió que lo más práctico y fácil era cortarlo o arrancarlo para eliminar el ‘problema’. Pedro se enteró de esta ‘gran idea’ y se opuso a ella. Propuso que, aunque era más laborioso, se considerara su trasplante en el área de jardín que rodea el extremo oriental del parqueadero general. Habría que verificarlo, pero creo que el famoso árbol permanece en su sitio hasta el día de hoy. Este sencillo episodio muestra la preocupación de Pedro por el respeto y aprecio hacia la naturaleza, aun en sus mas elementales manifestaciones”.
Nunca fue amigo de homenajes, ni reconocimientos. En su rincón de Tenjo encontraba el mejor premio que la vida le había dado: el silencio, la naturaleza, la compañía de su familia, la inmensa biblioteca, buena música y su sillón de lectura. Durante la XVI Convención Científica Nacional que organiza la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, cada dos años, su esposa Marta Emilia recibió la Medalla Prociencia como homenaje póstumo.
Así lo describió entonces: “Fue Pedro un ser humano luchador, generoso, irreverente, creativo, de humor cáustico; un esposo y padre paciente, entregado y amoroso; un ciudadano con un claro sentido de lo público; un colombiano orgulloso, de honda raigambre, que reconocía la necesidad de insertar a Colombia en las corrientes mundiales de conocimiento; un maestro convencido de la importancia de la educación para la creación de oportunidades; más que un periodista a quien sólo le faltó el grado, un comunicador dedicado a la divulgación de la ciencia; un generador permanente de ideas para entregarlas a otros en pro de su realización; un pionero en materia de política y gestión de la ciencia y la tecnología”.
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