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Ciencias Sociales y Humanas
Florence Thomas
viernes, 07 marzo 2008

Autor: Mabel Paola López (Especial para Universia Colombia)
Una imagen habla más que mil palabras
También yo, como ustedes, he podido estudiar, amar libremente, escoger desde una muy recién inaugurada anticoncepción cuántos hijos tener y estar en el lugar donde estoy por algunos méritos propios. Sin embargo, me hice feminista porque, a diferencia de ustedes, fui siendo consciente de mis privilegios y a la vez de todo lo que la historia adeuda a la inmensa mayoría de mujeres que no han tenido las oportunidades que la vida nos ha ofrecido a ustedes y a mí.
Así escribió Florence Thomas el 30 de octubre de 2007 en su habitual columna de El Tiempo, a propósito de los 50 años del voto femenino y tratando de entender por qué en Colombia existe un odio casi endémico hacia el feminismo y las feministas. En su caso, ese sentimiento se materializa en múltiples correos electrónicos que critican sus columnas. Paradójicamente, muchos de esos mensajes provienen de mujeres.
“Dentro del ambiente de intolerancia que está atravesando el país, Florence ha sido blanco de una crítica muy agresiva. Es una andanada de violencia verbal que su hijo Nicolás intenta no la alcance cuando revisa su mail”, comenta la profesora María Himelda Ramírez, quien fue
estudiante de Florence Thomas en los años 70 y una de las fundadoras del Grupo Mujer y Sociedad.
Según la académica, Thomas ha contribuido a los estudios de género con investigaciones sobre símbolos y significados relacionados con sexismo en las culturas populares. Así las cosas, aportó trabajos pioneros sobre el análisis de la telenovela nacional como reproducción de jerarquías de género, desigualdad y subordinación.
“Las telenovelas, las fotonovelas y la música popular mostraban en la década del 70 a una mujer sufriente, dependiente y expectante en relación con la figura masculina. Por ello, a través de textos inaugurales como El macho y la hembra reconstruidos, Florence hizo una crítica aguda a esa imagen de mujer y hombre, así como al ejercicio de la violencia simbólica y física en el hogar”. Ello le permitió dar un paso hacia la identidad femenina y la identidad masculina, tema de sus siguientes publicaciones”, comenta María Himelda Ramírez.
“Cuando yo llegué a Colombia en la década del 60, no encontré mujeres sino mamás y no encontré padres sino machos”. De esta forma Thomas explica la vieja estructura patriarcal de la sociedad colombiana (aún presente en algunas generaciones), según la cual las mujeres hallaban su plena realización como esposas y madres, dejando atrás aspectos tan importantes como su intelecto, su sexualidad, sus derechos reproductivos, su independencia económica, su condición laboral y el ejercicio político. “La maternidad era un proyecto de vida que teníamos que asumir como una especie de fatalidad biológica”.
Contrario al contexto colombiano, la Francia que formó a esta académica desde que nació hasta los 24 años, cuando llegó a Colombia, reconocía a la mujer como sujeto de derechos, le había abierto hace mucho las puertas de la universidad y del trabajo y avanzaba a pasos agigantados hacia la legalización del aborto (1975), con antecedentes como la aprobación de la píldora anticonceptiva.
Muchos años han pasado desde su arribo al país y hoy en día le satisface saber que la utopía de un mundo en el cual exista más igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres es cada vez más viable. Las colombianas se convirtieron en ciudadanas al elegir y ser elegidas, accedieron a la educación superior y por esa vía al mundo del trabajo, deciden si quieren o no optar por la maternidad, están aprendiendo a decir “mi cuerpo es mío”, pueden recurrir a un aborto legal en tres casos excepcionales y existe una normatividad que debería garantizar su presencia en cargos públicos (Ley de Cuotas). La mayor parte de estos logros se los adeudan las colombianas a las feministas y, en general, al trabajo de organizaciones como el Movimiento Social de Mujeres.
“Madres e hijas ya entendieron que ser realistas es pedir lo imposible. Con su particular realismo pidieron lo imposible y están logrando volverlo poco a poco posible”, comenta en uno de sus textos. Sin embargo, hay mucho por hacer todavía: en Colombia no se ha entendido la ganancia derivada de escuchar a las mujeres. “En ese plano podría decirse que somos todavía demasiado invisibles”.
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