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Ciencias Sociales y Humanas
Myriam Jimeno
miércoles, 26 septiembre 2007

Autor: Mabel López (Especial para Universia Colombia)
De cara a los excluidos
No tener certeza de qué se quiere estudiar no es un fenómeno exclusivo de las presentes generaciones de bachilleres, pues Myriam Jimeno sufrió la misma angustia en 1966, cuando tuvo que decidirse por una carrera universitaria. Curiosamente dio un salto mayúsculo de la Biología, su interés inicial en las Ciencias Básicas, a la Antropología, disciplina propia de las Ciencias Humanas. Y no se equivocó, pues este programa le ha permitido desarrollar prácticamente todas sus curiosidades intelectuales, al tiempo que ha estimulado su compromiso social y sus convicciones ideológicas.
En 1966, durante un primer semestre de estudios generales en la Universidad de los Andes, Jimeno se encontró con el antropólogo español José de Recasens, que había llegado a Colombia huyendo de la Guerra Civil Española (1936- 1939). Sus clases y las lecciones del maestro Ernesto Guhl, padre de la geografía moderna en Colombia y otro exilado de los conflictos bélicos europeos, le confirmaron que conocer sociedades diferentes a la suya era el camino correcto.
A pesar de que el tema obvio en esa época era el indigenismo, sus recuerdos de infancia en una hacienda panelera del Río Suárez, entre Santander y Boyacá, la inclinaron por el campesinado. Así las cosas, una de sus primeras investigaciones se refirió a los labriegos cultivadores de plátano en Altaquer, suroccidente de Nariño.
“El proyecto surgió de mi directora de tesis Ann Osborn, que quería insertar alumnos en un estudio de las sociedades mestizas con las que se relacionaban los indígenas Awa o Kaiker, como se les llamaba entonces. Mi tesis de pregrado analizó las relaciones de compadrazgo y laborales entre los campesinos y los indígenas que eran sus empleados”. Un acercamiento que constituyó su primera línea de investigación y que tuvo continuidad a su ingreso en el Incora en 1971, donde estudió el poblamiento de nuevos territorios por campesinos. Jimeno abordó el caso del Piedemonte Amazónico, Arauca, Putumayo, Caquetá y Meta (La colonización en Colombia, una evaluación del proceso, 1973).
Al tiempo con las primeras investigaciones formales, la antropóloga incursionó en la Academia a través del Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID) de la Universidad Nacional, dirigido por su maestro de pregrado Ernesto Guhl. En dicha institución participó en la caracterización de la población del Páramo de Sumapaz, realizada por un grupo interdisciplinario de académicos en 1974.
Posteriormente, retornó a lo indígena con la intención de analizar las políticas estatales y conjugar la mirada antropológica con la jurídica. Para ello hizo equipo con el jurista Adolfo Triana, entonces su esposo, y produjo el libro Estado y minorías étnicas en Colombia (1985) y el artículo La cuestión indígena y el Estado, que hizo énfasis en la organización indígena del Cauca y las condiciones sociales en una zona que congrega a la mayor cantidad de aborígenes en el país.
Ahí comenzaría un episodio de su vida cargado de historia, reivindicaciones y activismo: la época de apoyo a la consolidación del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).
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