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Ciencias Sociales y Humanas
María Victoria Uribe Alarcón
viernes, 31 agosto 2007

Autor: Lisbeth Fog, periodista científica - Especial Universia
También hay tiempo para el arte
María Teresa tiene dos hermanas. Las Uribe Alarcón tuvieron una adolescencia que se caracterizó por la permanente rebeldía. Eran finales de los años sesenta, estaban en colegio de monjas y el hippismo se presentó como una alternativa interesante. Allá cayeron las tres.
La ‘Toya’ Uribe tiene muchas historias por contar, porque su vida ha caminado por diferentes rumbos. Una mujer de voz ronca, y una expresión sin límites en su rostro, continúa llevando el pelo corto, como cuando representó a la capital en el Reinado de Belleza de Cartagena, en 1968.
La historia, muy corta, es la siguiente: A los 18 años recibe una llamada del alcalde Virgilio Barco Vargas, a proponerle que representara a Bogotá en el reinado de belleza. “Y yo le dije que no, que yo era hippie y marihuanera y que no me interesaba ser reina de belleza”, recuerda. Pero la convenció, porque le dijo que quería una reina pensante, que podía decir lo que quisiera. ¡Quién dijo miedo! Habló del aborto, de la eutanasia, del amor libre, contravino todas las reglas del reinado. Todo, intencionalmente. “Eso fue una cosa supercontestataria de parte mía, yo me metí al reinado para sabotear”. Su paso por las pasarelas de Cartagena no se olvidarán jamás.
Su personalidad desinhibida y sincera hizo que le dieran el premio a la mejor compañera durante los días del reinado. Sigue teniendo muchos amigos y amigas, pero vive sola. A veces le parece que la soledad es dura, pero en general le gusta. Es una mujer independiente, que aprendió de su abuelo, el músico Guillermo Uribe Holguín, la sensibilidad por el arte, el manejo de la melancolía y de la soledad.
En la calidez de su hogar dibuja en formato pequeño, oye música, hace yoga, remienda y borda. Cuando sale, prefiere ir al teatro o simplemente a caminar por ahí, a pensar. Todo lo que ha tenido que ver por la investigación que realiza la hace pensar permanentemente. “Siempre me queda una sensación de amargura, una tristeza muy fuerte; cuando me meto a analizar uno de esos hechos cruentos, una masacre de esas tremendas, siempre tengo la sensación de qué solos estamos y qué poco le importa al país”.
Ahora, dice, es una apasionada por la vida. Levanta su cabeza, mira hacia el infinito y remata: “Yo creo que yo he dejado mi piel ahí con ese tema”.
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