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Ciencias de la Educación
Víctor Manuel Gómez Campos
lunes, 26 septiembre 2005

Autor: Luis Fernando Páez (periodista Universia)
Preguntas esenciales
Cuando
se graduó, el Ministerio de Educación de México lo invitó a trabajar
como asesor para la formulación de políticas educativas que
incentivaran la capacitación tecnológica. En ese entonces, se estaban
creando en ese país sistemas regionales de formación tecnológica,
paralelos a la educación superior tradicional profesional. Gracias a
este trabajo sus cuestionamientos se hilaron con mayor precisión, se
hicieron más complejos, se multiplicaron y se concentraron en las
relaciones entre las esferas cambiantes del trabajo, la ciencia, la
sociedad, la técnica y la educación.
"Toda experiencia educativa
parte de supuestos implícitos o explícitos sobre cuál va a ser el
desempeño futuro de un joven. A final de cuentas, a todos les preocupa
para qué sirve lo que estudia, cuáles son las oportunidades laborales,
qué oportunidades de promoción va a tener en la vida, en la academia,
en la empresa, en el sector productivo y socialmente", explica Gómez.
Todo
esto tiene, en su opinión, repercusiones en la manera como se imparte
la educación técnica, tecnológica y superior, ya que cada una se
propone fines diferentes. Pero para comprender esto, hay que partir del
hecho de que los sistemas educativos se definen de acuerdo con sus
contextos y objetivos.
Por ejemplo, en el contexto alemán, hay
tres tipos de instituciones de educación superior: la universidad
clásica que no está pensada para formar profesionales sino
investigadores y se compone sólo de la facultad de ciencias naturales y
la de ciencias sociales. En segundo lugar están los institutos
superiores de educación, donde se forman profesionales en todos los
campos: médicos, arquitectos, ingenieros, abogados, dentistas, etc. Por
último, existen las escuelas técnicas donde se imparte formación con
mayor grado de especialización para actuar en campos específicos.
Al
examinar el contexto latinoamericano, Gómez señala que "tenemos
multiuniversidades". Esto quiere decir que no existe una distinción
clara entre la formación de personas dedicadas a profesiones aplicadas,
a la investigación o a atender problemas concretos, lo que hace que
existan instancias educativas que incursionen en áreas en las que
teóricamente no son pertinentes.
Para
contrastar, menciona el caso de Brasil, "donde hay una política
derivada de su ubicación geopolítica y de su proyecto nacional que
desde los años 60 promueve el fortalecimiento militar, industrial,
científico y tecnológico. Tienen claro que, además de las universidades
de investigación, deben tener universidades tecnológicas con el mismo
estatus académico de las tradicionales".
La
diferencia entre un tipo de institución y otro radica en que las
primeras se concentran en producir conocimientos científicos generales
y las segundas tienen la mirada puesta en la aplicación, fundamentada
en la ciencia. "Gracias a eso Brasil cuenta con capacidad misilística,
satélites, telecomunicaciones, submarinos nucleares, entre otros
avances posibles gracias a que le dieron la misma importancia a la
formación técnica-tecnológica y a la profesional", concluye.
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