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Ciencias de la Educación
Gillian Moss
martes, 27 junio 2006

Autor: Lisbeth Fog - Periodista científica, especial para Universia Colombia
El lenguaje y la sociedad
Empezó a estudiar español cuando tenía 14 años. “Por alguna razón el español fue mi primer amor. Cuánto de eso es por la naturaleza de la lengua en sí y cuánto debido a la profesora maravillosa que tuve, es difícil de definir. Siempre me llamó mucho la atención América Latina, su cultura, su literatura”, explica, escarbando un poco en las razones por las cuales hoy se dedica a la lingüística sistémico-funcional del español.
En un principio se dedicó a la sociolingüística, que tiene que ver con la interacción del lenguaje con las relaciones sociales. Sus primeros años en la Universidad del Norte los dedicó a la enseñanza del inglés en pregrado, en cuya actividad empezó a estudiar cómo juegan los factores cognitivos, socio-afectivos y culturales en la adquisición de las competencias comunicativas en una lengua extranjera. Con la apertura en 1992 de una Maestría en Educación en su universidad, retoma su principal interés, la lingüística del español. “A partir de mi experiencia mucho mayor como educadora, quise enfocarme en la relación entre lenguaje y procesos de aprendizaje”.
Desde hace más de diez años estudia el lenguaje que utilizan los textos escolares en ciencias naturales y sociales de secundaria, de los grados séptimo, octavo y noveno, lo que significa estudiantes de 11 a 16 años, y la relación entre ese lenguaje, el discurso que se genera en el aula y los procesos de aprendizaje tanto a nivel cognitivo como en el nivel de valores, de ideología y de educación para la ciudadanía.
Los resultados encontrados le han demostrado a ella y a su grupo de investigación, que es necesario hacer propuestas para el cambio por varias razones. “Hemos encontrado que la mayoría de textos escolares para esos grados están redactados en un lenguaje demasiado abstracto. Hemos identificado una serie de características lingüísticas que dificultan muchísimo la asimilación de los conceptos que supuestamente se les están enseñando. Entonces los estudiantes se enfrentan con una doble dificultad: con respecto al contenido, a los conceptos de ciencia que están tratando de adquirir, y por el lenguaje en el cual se les está tratando de presentar esas ideas”.
Una segunda causa tiene que ver con que generalmente los profesores de esos niveles, expertos cada uno en su área, no ven la dificultad que constituye para el alumno el lenguaje del texto y por tanto no hacen una mediación adecuada para que los estudiantes comprendan y analicen. Como resultado, lo que hacen los alumnos es “aprender de memoria y recitar mecánicamente lo que ven en los textos y desafortunadamente la mayoría de los profesores evalúa bien ese tipo de recitado textual”.
En ciencias sociales, desde el campo de la ideología, han encontrado que los textos de historia tienen un sesgo determinista que sugiere que “los procesos históricos son autoengendrados”, que ocurren sin intervención humana, sin la responsabilidad de personas o de grupos sociales. “Nosotros creemos que esto es muy negativo para la formación ciudadana porque tiende a formar personas pasivas y fatalistas, personas que piensan que no hay posibilidad de cambiar la sociedad en la que viven. Pensamos que Colombia necesita formar ciudadanos más activos”.
La investigación se inició en seis colegios, tres públicos y tres privados, con resultados muy similares. Luego centró sus estudios en un colegio público y en los campos de la ideología y del aprendizaje, a través de un proyecto de investigación-acción, trabajando muy de cerca con dos profesoras. “Hemos ido favoreciendo más un estudio de casos que permite profundizar en el detalle de los discursos del texto, del profesor y de los alumnos, haciendo entrevistas, realmente viendo cómo es que se están formando estos procesos. Al final pudimos observar niveles de aprendizaje más significativos que en los otros cursos observados”.
Aunque los talleres para los docentes son una alternativa, no considera que sean la solución, porque una vez dictados, el profesor queda solo. “Es necesario pensar cómo podría ser una propuesta de capacitación docente que tuviese un efecto más duradero”. Otra propuesta que ha pensado sería que investigadores y docentes trabajaran juntos para diseñar materiales didácticos económicos y apropiados para las necesidades de la Costa Caribe porque por lo general los libros vienen de Bogotá y en algunos aspectos no se ajustan a las condiciones de la región. “Podría ser un trabajo conjunto entre el grupo de investigación que tiene el conocimiento de lingüística para saber cómo se debe redactar el texto, y profesores del área que tengan el conocimiento conceptual y el conocimiento de los contextos escolares”. No se trataría de hacer un texto diferente de acuerdo con la geografía colombiana, “simplemente trabajar con profesores de cada región para hacerle algunas modificaciones de acuerdo con las especificidades. Eso sería muy interesante hacerlo”, concluye.
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