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Matemáticas y Ciencias Naturales
Pablo Stevenson
viernes, 01 octubre 2004

Autor: Luis Fernando Páez (especial para Universia)
Pablo Stevenson, un joven biólogo de la Universidad de los Andes, especialista en la dispersión de semillas, revela el papel esencial que juegan los micos churucos en la Sierra de la Macarena en Colombia para la regeneración del bosque nativo. En su opinión, no hay nada mejor en el mundo que estar inmerso en los fenómenos del medio ambiente y en la contemplación del paisaje.
Perfil elaborado en agosto de 2004
La naturaleza siempre
ha sido un refugio para Pablo Stevenson. Desde que era un niño, el
contacto con el campo, con los seres vivos y con el medio ambiente le
ha brindado enormes placeres y una fuente inagotable de conocimiento y
de percepciones sobre las realidades esenciales de nuestro planeta.
Esta
afinidad innata se fortaleció en su época escolar en el Gimnasio
Moderno, en especial gracias a Carlos Mejía, su profesor de ciencias y
quien hoy en día es uno de sus colegas en la Universidad de los Andes.
"Él había llegado de África de realizar unos trabajos de campo para su
postgrado y contaba con tanto entusiasmo sus experiencias que lo
envolvía a uno rápidamente en todos los temas de la Biología", señala
con admiración este ecólogo bogotano de 38 años.
Inicialmente
quiso ser biólogo marino y con ese deseo ingresó a la Universidad de
los Andes en 1984, pero sus intereses fueron variando a medida que
aprendía más acerca de universos como el de las plantas y los primates.
Poco antes de terminar sus estudios lo invitaron a una salida de campo
planeada para observar a los micos, lo que lo pondría en la ruta de la
materia en la que se haría especialista. Entre las variedades que
empezó a estudiar se concentró cada vez más en los churucos
colombianos, una especie que según publicaciones recientes es endémica
de nuestro país y corre peligro de extinción.
De alguna manera
este encuentro con los churucos fue una afortunada y gratificante
casualidad. Desde mediados de los años 80 se desarrollaban en el Centro
de Investigaciones Ecológicas Macarena (CIEM) de la Universidad de los
Andes, ubicado en el Parque Nacional Tinigua en el Departamento del
Meta, actividades científicas en colaboración con investigadores
japoneses. Cuenta Stevenson anecdóticamente que "parece que me
confundieron con otro estudiante porque pasé un proyecto para estudiar
monos araña y ellos me dijeron muy enfáticamente que debía estudiar
churucos y así lo hice".
Estos felices avatares fueron el
comienzo para un trabajo en el que está empeñado hace 16 años, el cual
ha consistido en describir muy detalladamente el papel que juegan estos
primates en relación con todo el conjunto de su hábitat. Desde
entonces, su corazón pertenece a la selva y sus conocimientos a la
conservación del medio ambiente.
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