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Matemáticas y Ciencias Naturales
Eduardo Posada Flórez
lunes, 14 agosto 2006

Autor: Lisbeth Fog, periodista científica - Especial Universia Colombia
La producción literaria de Julio Verne lo inició en la ciencia. Físico de la Universidad de Lausana, en Suiza, donde sacó su doctorado, desde hace más de dos décadas, Eduardo Posada Flórez se dedica a promover la actividad científica y tecnológica de Colombia.
Perfil elaborado en julio de 2006
Cuando tenía ocho años cayó en sus manos un ejemplar de La Isla Misteriosa, de Julio Verne. Inmediatamente trató de fabricar nitroglicerina. “La receta estaba en el libro”, recuerda el físico Eduardo Posada Flórez, como si fuera ayer. Se sonríe, levanta la cabeza como para tomar impulso y continúa: “todavía no se por qué, pero no funcionó. Probablemente los ingredientes no tenían la calidad o la concentración del caso”.
Posada gozaba haciendo experimentos, sobre todo en química, “cosas que hicieran manifestaciones extrañas”. Sus padres lo apoyaban, y su abuela le acolitaba sus ocurrencias. Fue ella quien le cosió un talego impermeable que Posada quería utilizar como balsa para botarse por el río Magdalena y llegar hasta el Caribe. Tampoco lo logró, pero en este caso la culpa fue de la abuela: el talego no funcionó a pesar de sus instrucciones.
Tenía su propio laboratorio en una casita que había construido en el jardín de su casa, y como también le gustaba la electricidad, la había dotado con sistema de alarma y teléfono. Todo construido con material desechable y reactivos comprados en la droguería de la esquina. El único que veía algo de riesgo en las actividades de su sobrino era uno de sus tíos. “Decía que yo era capaz de volar la manzana entera con mis experimentos”.
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