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lunes, 16 julio 2007

Gonzalo Soto Posada

Autor: Mónica Quintero G. - Redacción Universia Colombia


El decanato y Europa
A los 21 años se graduó como filósofo, edad en la que empezó una línea muy perfilada para dedicarse de lleno a la docencia y la investigación. Inmediatamente se convirtió en docente de su misma facultad.

Por diferentes situaciones de la vida y con 22 años fue nombrado vicedecano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Su labor se triplicó porque debía enseñar, investigar y también proyectar en conferencias, foros, seminarios o cátedras abiertas todo lo que hacía su facultad.

Tan solo pasó un año para que el rector de la Universidad en ese momento, monseñor Félix Henao Botero, depositara en él toda la confianza y le confiriera la máxima autoridad de la Facultad. A los 23 años Gonzalo Soto era decano y como dicen sus compañeros, con grandes capacidades para desempeñar el cargo.

“Tengo muchas anécdotas sobre mi decanato, una de ellas fue cuando iba a lo que en ese momento era lo que hoy es el Icfes y me decían: “a la orden, qué necesita” y yo les explicaba, “soy el decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Bolivariana”, todos se disculpaban y me decían que no parecía un decano por mi edad, confiesa sonriendo porque entre sus recuerdos hay más momentos de esa época que él llama inolvidables.

Siendo decano sintió que debía realizar un postgrado para afianzar aún más sus conocimientos. Indagó por Brasil, en donde dice, existe una universidad católica muy buena. También buscó en México, Estados Unidos, España, Francia e Italia, este último país fue el que más le interesó, tanto por el idioma que dominaba casi a la perfección y porque estaría en la cuna de las culturas griega, latina y cristiana.

“Para mi fortuna quien era decano de Teología de la Universidad en ese momento, había sido mi profesor de Filosofía y él me ayudó a conseguir una beca para mis estudios doctorales, por medio del patrocinio de la Arquidiócesis de Medellín y de la misma Universidad”.

El viaje estaba listo. La ciudad escogida: Roma, el doctorado: Filosofía, la universidad: la Pontificia Università Gregoriana, “de lo mejor que tienen los jesuitas en el mundo”, dice y su tema de estudio: Isidoro de Sevilla dialogando con Michel Foucault.

Llegó a Europa y de inmediato comenzó con su ascenso profesional. “Mi tesis la trabajé sobre un autor medieval que es Isidoro de Sevilla pero lo puse a dialogar con un autor francés que apenas estaba siendo divulgado en Europa y aquí en Latinoamérica, Michel Foucault. Lo que hice fue una intertextualidad entre las Etimologías de Isidoro de Sevilla y lo que Foucault llama episteme de la semejanza”, explica.

El doctor Soto estaba encantado con la universidad, para la época no había Internet y la gran fortaleza de la institución, además de sus profesores, eran sus bibliotecas y dentro de las bibliotecas las ediciones críticas de textos griegos y latinos. “Recuerdo con mucho entusiasmo la biblioteca de la Gregoriana, eran siete pisos inmensos, en donde podía encontrar unas ediciones críticas maravillosas. Estaba fascinado y más aún cuando conocí a mi tutor de tesis, C. Sprökel, quien para mí era un sabio en cosas medievales”, recuerda.

Fueron tres años de estudio y dedicación al doctorado. Se graduó en el año 1979 y retornó a Colombia para seguir con su labor de decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Bolivariana, porque afortunadamente, su estudio fue en comisión y debía volver a su lugar de trabajo. Pero su estadía fue tan fructífera en Roma, que justo antes de finalizar su último año de doctorado, se ganó una beca de verano para hacer un curso de francés en París. “Mi estadía en Italia fue una experiencia deliciosa, pude conocer investigadores e intelectuales que había leído y asistir a sus clases y conferencias. Fue algo para mi tan fecundo, en la parte profesional, que tenía claro que quería llegar a Colombia y enseñar, investigar, escribir, producir y dedicarme al mundo griego y medieval”, aclara.

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