Feria del Libro 2008
Especiales
De la imprenta al libro digital
lunes, 05 mayo 2008

Autor: María Astrid Toscano - Universia Colombia
Los europeos y chinos se disputan la creación de la imprenta, ese invento que transformó la historia humana pues permitió producir libros a mayor escala, hizo que Romeo y Julieta, Don Quijote de la Mancha, La Biblia y Los derechos humanos fueran textos conocidos en muchos más lugares del mundo pensado y conocido.
Pero la historia del libro no se detiene y si ya se había masificado, la tecnología está haciendo que su expansión sea cada vez mayor, más rápida y más barata. La Web está llevando títulos y autores de todos los países a todos los rincones del mundo.
En la década del 70 del siglo pasado nació el proyecto Gottemberg que como si fuera planteado por pitonisas, propuso y creó un catálogo de libro en un sistema similar a Internet, cuando los científicos apenas estaban experimentando con las grandes redes.
Y aunque Gottemberg no creció de la forma en que esperaban sus propulsores, el sector editorial y el público lector se han adaptado de formas inesperadas a los cambios.
Ahora los libros se leen en los computadores conectados a Internet, en blacberrys, en celulares, en mp3 o mp4, en palms y hasta en los I-pod. Ni hablar del e-book que lanzó al mercado la multinacional de la informática Apple, una pantalla portátil que simula ser un libro. “A pesar de todos los cambios, el diseño no reemplazará el papel”, afirmó Jason Epstein, editor estadounidense creador de la 'Expresso Book Machine' que participó en la charla ‘El futuro del libro’, realizada en el salón Tomás Carrasquilla durante la XXI Feria Internacional del Libro de Bogotá.
Las ventajas que máquina de Epstein son lo que muchos lectores buscan para ‘democratizar’ la lectura. Los costos de los libros se reducen porque ya no hay que transportarlos de un lugar a otro, se reducen los intermediarios entre los autores, proveedores y el público.
Los escritores que no tenían el apoyo de una editorial pueden difundirse con mayor facilidad y los lectores pueden encontrar más rápido obras que antes no llegaban a su país. “Se ha conseguido la descentralización de libros, más que limitarlos a las librerías…Parecía un enemigo de los editores que al principio estaban nerviosos porque son muy conservadores, más que el vaticano, pero están cambiando e impresionados”, manifestó Epstein.
Además, la impresora permite que las librerías ahorren espacio pues los archivos de las obras se guardan en la memoria de la impresora o se descargan desde Internet y se imprimen según la orden de los clientes o las editoriales. En la Biblioteca de Alejandría llevan dos años utilizando la impresora con cien mil libros impresos cada semana.
“No hay que quedarse en el problema sino buscar una solución”, dijo Epstein. Los grandes y expertos de la industria editorial han sufrido el temor de la desaparición de los libros debido a los cambios de los hábitos de consumo, pues los jóvenes ahora leen lo que está escrito en las pantallas y no en el papel. Pero Epstein, un viejito de ojos claros, piel blanca y arrugada, y un cabello tan blanco por el paso de sus más de 70 años, explica que el mundo ha venido adaptándose a los cambios provocados por la tecnología. Él, ese anciano que podría ser el abuelo de miles cibernautas, ha propuesto una forma innovadora de replantear el futuro de los libros.
Y aunque a otros tantos los preocupa que el contenido de los textos pase a un segundo plano y los nuevos escritores no muestren la genialidad de sus antecesores, Epstein dice que “el contenido se afectará con la masificación y las personas tendrán el acceso para poner sus manuscritos en línea. Habrán libros que no se leerán nunca, pues debe ser un genio para escribir un libro que se lea por generaciones”.