Docentes
Artículos de educación superior
La educación del futuro: E. Morin, un escenario global, García Márquez, un escenario local
jueves, 22 diciembre 2005

Autor: Myriam Henao Willes, Gerente de Contenidos Universia Colombia
El imprinting cultural es la
marca que los humanos recibimos desde el nacimiento, primero con el
sello de la cultura familiar, luego con el de la escuela, después con
la universidad o en el desempeño profesional.
La lógica
cartesiana que hace parte del imprinting cultural de las generaciones
de los tres últimos siglos, ha reinado y marcado formas de pensamiento,
teorías, interpretaciones, explicaciones, modos de actuar y de ver la
realidad. Edgar Morin con el paradigma del pensamiento complejo,
construido mediante la incorporación dentro de su teoría, entre otros,
del segundo principio de la termodinámica ya articulado por Ilya
Prigogine, de la irreversibilidad del tiempo, los desarrollos de la
antropología de LeviStrauss, de la teoría de la relatividad de
Einstein, de los conceptos de la recursividad del aparato inteligente
de la cibernética, los desarrollos de la teoría de sistemas de
Bertalanfly, de la lingüística de Sausurre, de la metáfora del punto
ciego de VonFoster; se encarga de develar esta lógica simplista y
oscurantista de la riqueza de la naturaleza, para enrutamos por los
laberintos de una complejidad opacada por una cosmovisión trivial.
Morin
lo recuerda en su autobiografía: Mis demonios, capítulo segundo "Mi
cultura": "Soy lo que soy porque me alimenté de mil flores. He
asimilado mucho, he rechazado muy poco y, sin embargo, tengo una
personalidad muy acusada; ¿Por qué? Mi diferencia procede,
precisamente, de haber asimilado todos los ingredientes de la cultura
francesa y europea, y esta asimilación me ha sido permitida
precisamente por mi incultura original. Mi cultura, asimilada y
autodidacta, no se ordenó de acuerdo con el imprinting. No entro en las
categorías tanto doctrinales como disciplinarias en las que es preciso
necesaria y "normalmente" inscribirse..."
Se trata de una nueva
cosmovisión que visibiliza el caos, el desorden, las regulaciones, las
circularidades, la disyunción, la disipación, el despilfarro y el
derroche con los que actúa el universo maravilloso; una nueva visión
que retorna al fuego inicial, al derroche estelar, para entre garle al
futuro hombre observador-creador el resplandor de la vitalidad
multidimensional e interactuante de la naturaleza con la humanidad.
Ahora
en el siglo XXI, Morin le pide a la educación que su papel sea
catalizar el cambio de imprinting cultural, anclado en estructuras
cognitivas simplistas, de relaciones duales, excluyentes y ciegas.
Desea que la educación del futuro forme un observador-creador con
sabiduría para observar; un observador con mirada mas que
tridimensional; un observador con conciencia de su condición humana, de
su ecología y su cultura; un observador que devele los secretos en su
complejidad, que descubra esencias y manifestaciones; en fin, un
observador que sólo cuenta con una certeza: la de la incertidumbre
racional, la de que un nuevo conocimiento trae un no conocimiento, es
decir de un observador conciente de un todo que no se hace visible a un
ojo ciego, como lo explica Von Foster, en su metáfora del punto negro;
de un observador que debe saber que no ve lo que no conoce.
ENLACES PATROCINADOS