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El hospital de los libros
lunes, 05 marzo 2007

Autor: Carta Universitaria - Universidad Nacional de Colombia
El taller donde se realiza el mantenimiento a los libros de las bibliotecas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá está ubicado en el primer piso de la Biblioteca Central, entrando a mano derecha.
Separados del resto de la Biblioteca por una división de madera y vidrio, a la vista de todo el que pase por allí, hay un grupo de siete mujeres y un hombre con tapabocas, rodeados de libros, papel, percalina, cartón, cartulina, pegante, celulosa, tijeras, cuchillas, pinceles y unas pocas máquinas. Sumadas a la paciencia del artesano y el amor a los libros, estas son las armas que usan para librar una batalla sin tregua contra el deterioro de las colecciones bibliográficas.
Maltrato literal
Según Fanny Valderrama, quien coordina el departamento que se encarga de mantener los libros en las mejores condiciones posibles para que puedan ser aprovechados por miles de lectores ávidos de conocimiento, hay varios factores que influyen en el desgaste de las colecciones bibliográficas.
El primero de ellos es, desde luego, el uso continuado e intensivo de ciertos libros, principalmente los de consulta en medicina, química, física, matemática e ingeniería. Sin embargo, son las malas prácticas de estudio, como el subrayado con resaltador o las anotaciones con esfero, las que causan más daño a los tomos.
Valderrama refiere que al taller han llegado ejemplares que parecen un arco iris, subrayados desde la primera hasta la última página, y algunos tienen incluso tinta de distintos colores para destacar un mismo párrafo, sin contar los resúmenes escritos en el borde blanco de las páginas.
Otras prácticas frecuentes que aumentan el trabajo del Departamento de Mantenimiento de Colecciones son el fotocopiado, que termina por descoser el libro y dejar las páginas sueltas; la costumbre de humedecerse el dedo para pasar las páginas, que produce hongos en el papel, al igual que la lluvia y la humedad; la mala separación de páginas, que se realiza con flores, pasto, servilletas y otros objetos inadecuados, o doblando las esquinas de las hojas.
Los niños menores y las mascotas también suelen dejar huellas de su paso, que se aprecian en las páginas masticadas o convertidas en lienzos donde los más pequeños de la casa aplican sus temperas, marcadores, colores y crayolas.
Finalmente, Valderrama señala que algunos estudiantes no ven inconveniente en mutilar los libros con cuchillas de bisturí, en lugar de sacar una fotocopia de las páginas que necesitan. Cuando esto sucede, el material pierde su integridad y deja de ser apto para consulta y estudio, pues lo más probable es que el lector no encuentre lo que buscaba o lo haga solo parcialmente.
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